Évano
Libre, sin dioses.
Vomitan la sangre chupada del pueblo
desde la cima de la pirámide.
En lodos sanguinolentos luchan los aspirantes.
Es enorme, la veo desde aquí, desde tan lejos,
desde mi angosto valle,
desde este límpido río de luces de bronces,
rodeado de robles y alisos y chopos y fresnos;
entre el canto y el ulular del aire.
Está más allá, detrás, la pirámide;
donde cada día miles se rompen los huesos
con las aristas y picos de las piedras de oro
mientras son pisados por pies sin ojos.
Es sangre ese mundo: su cielo, sus nubes, su suelo.
El amor, el odio, el deseo, la tristeza...
Toda la tierra de la pirámide es sangre:
los ojos, los dientes, las bocas, los muertos.
Todo sangre, sangre, sangre.
Hoy he paseado descalzo entre la hierba
y abracé desnudo a un castaño enorme
que tranquilo recogía su parte de sol y luz
para, poco a poco, crear y ofrecer su fruto
al que lo necesite o quiera.
Este mundo no es de sangre,
es de sudor, de esfuerzo, de amor,
de compartir, de paz.
Este mundo no es mío,
no es de nadie, ni de él mismo.
desde la cima de la pirámide.
En lodos sanguinolentos luchan los aspirantes.
Es enorme, la veo desde aquí, desde tan lejos,
desde mi angosto valle,
desde este límpido río de luces de bronces,
rodeado de robles y alisos y chopos y fresnos;
entre el canto y el ulular del aire.
Está más allá, detrás, la pirámide;
donde cada día miles se rompen los huesos
con las aristas y picos de las piedras de oro
mientras son pisados por pies sin ojos.
Es sangre ese mundo: su cielo, sus nubes, su suelo.
El amor, el odio, el deseo, la tristeza...
Toda la tierra de la pirámide es sangre:
los ojos, los dientes, las bocas, los muertos.
Todo sangre, sangre, sangre.
Hoy he paseado descalzo entre la hierba
y abracé desnudo a un castaño enorme
que tranquilo recogía su parte de sol y luz
para, poco a poco, crear y ofrecer su fruto
al que lo necesite o quiera.
Este mundo no es de sangre,
es de sudor, de esfuerzo, de amor,
de compartir, de paz.
Este mundo no es mío,
no es de nadie, ni de él mismo.
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