abcd
Poeta adicto al portal
Lasitud del recuerdo desolado y penetrante,
de la vida que es larga,
y corta
y sucia.
Lasitud de no gritar el amor es lo más triste del universo.
Y hermoso.
Toda mujer es droga
y adoración inestable.
Distintas, iguales,
a cada hora una suspira y es gas;
Son huellas en el pantalón de una existencia errante.
Lasitud de las putas promiscuas,
las transparentes,
de esas que sangran y terminan en un canibalismo de besos.
Lasitud de aún no entregar la vida entera
por un simple segundo en la mirada de ella.
Lasitud de látigos,
de añorar el llanto real cuando la fiebre no prospera,
de ser perdonado,
de ser amante
y de ser un imbécil con un cable a tierra.
Lasitud es tener la enfermedad de los ojos abiertos aún en el sueño.
Lasitud ardorosa,
lasitud de frágil y morena lastima,
de un hombre que se imagina blando
y es cárcel, y es un ladrillo en la pared de sus pasiones.
Lasitud de vírgenes que adornan el morir
por el sudor de almas que piensan,
que son estatuas en su mirar inocente
y que con su dulce voz aprietan los acordes de la melancolía.
Lasitud de personas queridas,
de seres histéricos que se extrañan frente al espejo.
Lasitud de herir dos vidas seguidas en la misma piel.
Lasitud de no estar tan débil para seguir tan fuerte.
de la vida que es larga,
y corta
y sucia.
Lasitud de no gritar el amor es lo más triste del universo.
Y hermoso.
Toda mujer es droga
y adoración inestable.
Distintas, iguales,
a cada hora una suspira y es gas;
Son huellas en el pantalón de una existencia errante.
Lasitud de las putas promiscuas,
las transparentes,
de esas que sangran y terminan en un canibalismo de besos.
Lasitud de aún no entregar la vida entera
por un simple segundo en la mirada de ella.
Lasitud de látigos,
de añorar el llanto real cuando la fiebre no prospera,
de ser perdonado,
de ser amante
y de ser un imbécil con un cable a tierra.
Lasitud es tener la enfermedad de los ojos abiertos aún en el sueño.
Lasitud ardorosa,
lasitud de frágil y morena lastima,
de un hombre que se imagina blando
y es cárcel, y es un ladrillo en la pared de sus pasiones.
Lasitud de vírgenes que adornan el morir
por el sudor de almas que piensan,
que son estatuas en su mirar inocente
y que con su dulce voz aprietan los acordes de la melancolía.
Lasitud de personas queridas,
de seres histéricos que se extrañan frente al espejo.
Lasitud de herir dos vidas seguidas en la misma piel.
Lasitud de no estar tan débil para seguir tan fuerte.
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