prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Aquí no quedan más que soles de agua
en esos huecos que un día tuvieron párpados.
Es la última vez que te escribo
sin saber si aprendiste leer en la arena.
Es tu sonrisa de crucifijo,
la que apartaba los demonios de mi mente.
Porque solo tú puedes conmigo, burro,
solo tú haces que las piedras de ese alma de río
sean crisálidas y nenúfares.
Te cuento que el alba cayó de rodillas
bajo el peso de las tragedias cotidianas.
Que en los atrios del abismo laten telarañas
y pulsan su sangre de luz por las venas
de esa soledad que me abriga.
Que las entrevistas con los ángeles
ya no suceden a diario.
Que mis manos son pequeños ataúdes
donde yacen cadáveres de trigo.
Si has de volver, olvida el camino
(si devoraste al alcalde de la ciudad de nieve
dime a que sabe la carne de la ausencia)
Hay un recuerdo que se nos adelanta
para pactar con las fichas del éter
y un aumento de ceniza en cada grito de águila.
Te cuento que entre la niebla de esta mañana
vi a la muerte desnuda y pude tocar sus senos.
Y supe
que su sangre virgen todavía mancha el pene de los siglos.
en esos huecos que un día tuvieron párpados.
Es la última vez que te escribo
sin saber si aprendiste leer en la arena.
Es tu sonrisa de crucifijo,
la que apartaba los demonios de mi mente.
Porque solo tú puedes conmigo, burro,
solo tú haces que las piedras de ese alma de río
sean crisálidas y nenúfares.
Te cuento que el alba cayó de rodillas
bajo el peso de las tragedias cotidianas.
Que en los atrios del abismo laten telarañas
y pulsan su sangre de luz por las venas
de esa soledad que me abriga.
Que las entrevistas con los ángeles
ya no suceden a diario.
Que mis manos son pequeños ataúdes
donde yacen cadáveres de trigo.
Si has de volver, olvida el camino
(si devoraste al alcalde de la ciudad de nieve
dime a que sabe la carne de la ausencia)
Hay un recuerdo que se nos adelanta
para pactar con las fichas del éter
y un aumento de ceniza en cada grito de águila.
Te cuento que entre la niebla de esta mañana
vi a la muerte desnuda y pude tocar sus senos.
Y supe
que su sangre virgen todavía mancha el pene de los siglos.
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