Asklepios
Incinerando envidias
Las raíces de los destinos,
tienen siempre
dolores punzantes y tibios.
Tienen, también, incorrectos destellos que
recuerdan a la soledad depositada sobre la Luna.
Existe la necesidad de un guardian para
el fondo de los mares, donde todo
huele a ese mientras tanto que,
en algún momento, consiguió allí coagular
su presencia.
El aroma sacrificial de las cenizas,
es lo único que declara el destino;
es la última prueba de dolor, la más delicada y
prudente.
Es el resumen más orgánico
del pasar por la vida, donde el reino
de la muerte, siempre estuvo y estará
deshabitado. No dispone de espacio para
acoger a tanto que abandona la vida.
Es tan solo un nombre que,
ni si quiera, tiene apellido.
Lamento no ser capaz de ser más concreto.
tienen siempre
dolores punzantes y tibios.
Tienen, también, incorrectos destellos que
recuerdan a la soledad depositada sobre la Luna.
Existe la necesidad de un guardian para
el fondo de los mares, donde todo
huele a ese mientras tanto que,
en algún momento, consiguió allí coagular
su presencia.
El aroma sacrificial de las cenizas,
es lo único que declara el destino;
es la última prueba de dolor, la más delicada y
prudente.
Es el resumen más orgánico
del pasar por la vida, donde el reino
de la muerte, siempre estuvo y estará
deshabitado. No dispone de espacio para
acoger a tanto que abandona la vida.
Es tan solo un nombre que,
ni si quiera, tiene apellido.
Lamento no ser capaz de ser más concreto.