G. Sarmiento
Poeta asiduo al portal
La senda del que va herido
está plagada de penas.
La pena por lo perdido
y también por lo que queda.
La senda del que va herido
es toda llanto y tristeza.
Aunque lo cubran de seda,
se queda siempre en lo mismo.
Nunca el ropaje hizo al noble,
ni dio la toga más brillo.
El que vale lo refleja;
y el que no, muestra atavío.
En la vida la apariencia
representa un desafío.
Así se engaña al incauto
y también al entendido.
Lo que se sabe por viejo
no llega por instruido.
La modernidad desprecia
lo que antes se respetaba,
el saber de los ancianos
es la luz más pura y clara.
Hombre del siglo veintiuno,
las perlas están en casa...
G.S.A.
está plagada de penas.
La pena por lo perdido
y también por lo que queda.
La senda del que va herido
es toda llanto y tristeza.
Aunque lo cubran de seda,
se queda siempre en lo mismo.
Nunca el ropaje hizo al noble,
ni dio la toga más brillo.
El que vale lo refleja;
y el que no, muestra atavío.
En la vida la apariencia
representa un desafío.
Así se engaña al incauto
y también al entendido.
Lo que se sabe por viejo
no llega por instruido.
La modernidad desprecia
lo que antes se respetaba,
el saber de los ancianos
es la luz más pura y clara.
Hombre del siglo veintiuno,
las perlas están en casa...
G.S.A.