Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Los jinetes cabalgan hacia la última cima,
los últimos destellos saltan a la noche,
domesticados, ebrios de oscuridad y fe.
En la fuente del parque
el agua gorgotea con la piedad de un dios,
sin borde ni desborde, llueve.
Los corazones suenan en el cielo,
ángeles que madrugan, árboles, camuflaje
de la última altura.
Y los pájaros vuelan hacia la soledad,
y el río trae también ese buque fantasma
que es el relente,
luna de los objetos y la atmósfera.
Siempre que se hace eco una sonrisa
la vida sabe a júbilo,
se reconocen ambos, por la luz.
En este dormitorio tan bien ornamentado
sueñan durante el día, presas de la laguna
la almohada atrevida y la lámpara hecha de apagones.
Un beso se divisa, en aquel horizonte
que construimos, para cuando regrese el mensajero.
Preguntando el por qué de esta distancia,
y el miedo se distinga del miedo, el de verdad,
puesto que los demás miedos vienen vacíos,
trenzados a la crisis de identidad,
que nos dice que somos cualquier cosa
de todas las que existen.
Me desgarra tu distracción,
tu mirada perdida
tu mente en blanco.
Y yo ocupo mi tiempo corrigiendo poemas,
sin nadie que me aliente, ni ovacione mis textos.
A solas, ya parece que regreso al principio,
cuando los sentimientos me hicieron escupirte,
sacarte de mi páncreas
Y en alguna avenida quedaste,
y ya no te esperé,
Cruzo siempre la calle como el aire real,
el que hace corriente.
El resto, como ocurre con los seres humanos,
sopla en contra, o en otras coordenadas,
perdido en la experiencia, su única tendencia,
y repite caminos, sin lógica, mas con rumbo.
Una brisa me aísla, desconecta
del sentimiento fofo unido a mi carácter.
No temo represalias del amor,
yo todo se lo he dado,
incluso sin mujer a la que impresionar.
Me quedo en este folio,
a sosegar el ritmo de mi pulso,
pues no quiero poner a nadie al límite.
El sol jamás podrá esconderse detrás de las estrellas.
Brilla solo.
O quizá lo veamos a través.
Y su brillo nos llegue ínfimamente,
se refracte en sus rayos la conciencia del hombre,
la conciencia del hombre se conciencie,
ora encienda, ora apague.