prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las neuronas del olvido están enamoradas...
Por eso, ayer, mientras silbaba el viento
por la ventana abierta,
arranqué de raíz la sal de las lágrimas
y quedaron dulces,
goteando mientras tantos osos
de bocas abiertas
a mis pies.
Quien era, me preguntaba,
de árbol tenía poco,
una voz entre las hojas de las horas
sin vuelo asumido;
y esa sospecha
que la sombra reflejada de mi cuerpo,
tantas veces acuchillada por la hierba
no me pertenece, se volvió realidad.
¿De quien es la ceniza, si las llamas fueron mías?
Ah, es primavera, y tal vez
ese polen que se acurruca entre los senos de las mujeres
es de mis últimas flores.
Por eso, ayer, mientras silbaba el viento
por la ventana abierta,
arranqué de raíz la sal de las lágrimas
y quedaron dulces,
goteando mientras tantos osos
de bocas abiertas
a mis pies.
Quien era, me preguntaba,
de árbol tenía poco,
una voz entre las hojas de las horas
sin vuelo asumido;
y esa sospecha
que la sombra reflejada de mi cuerpo,
tantas veces acuchillada por la hierba
no me pertenece, se volvió realidad.
¿De quien es la ceniza, si las llamas fueron mías?
Ah, es primavera, y tal vez
ese polen que se acurruca entre los senos de las mujeres
es de mis últimas flores.
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