Ana Maria Leyva Burgos
Poeta recién llegado
Abuela sembró una semilla de margaritas en el patio de la casa.
Todos los días regaba la plantita y un día nació una linda flor.
Amarilla como los pollitos de Clotilde, la gallina más vieja del gallinero.
Yo estaba muy contenta.
Por las mañanas llenitas de rocío, movían sus pétalos, crecían.
Mi amiguita Claudilla vino a la casa a jugar conmigo.
Su mamá la trajo en un sillón de ruedas, no podía caminar.
La llevé al jardín, le enseñé las margaritas, sonrió.
Con voz suave expresó:
!Que lindo Jardín!
Puse en sus manos la jardinera, al verme dijo:
!No puedo!
Con gran sonrisa respondí:
!Yo te ayudaré!
Entre las dos lo hicimos, las margaritas radiaron al vernos.
Sentí mucho orgullo de tener una amiga como ella.
Darle mi apoyo y mi amistad.
Aunque no pueda caminar, es pequeña como yo y quiere jugar.
Mi abuela que nos vió, me dio un beso y dijo:
Lo más importante es el amor que brindemos, no importa nada más.
Ana Maria Leyva Burgos
Todos los días regaba la plantita y un día nació una linda flor.
Amarilla como los pollitos de Clotilde, la gallina más vieja del gallinero.
Yo estaba muy contenta.
Por las mañanas llenitas de rocío, movían sus pétalos, crecían.
Mi amiguita Claudilla vino a la casa a jugar conmigo.
Su mamá la trajo en un sillón de ruedas, no podía caminar.
La llevé al jardín, le enseñé las margaritas, sonrió.
Con voz suave expresó:
!Que lindo Jardín!
Puse en sus manos la jardinera, al verme dijo:
!No puedo!
Con gran sonrisa respondí:
!Yo te ayudaré!
Entre las dos lo hicimos, las margaritas radiaron al vernos.
Sentí mucho orgullo de tener una amiga como ella.
Darle mi apoyo y mi amistad.
Aunque no pueda caminar, es pequeña como yo y quiere jugar.
Mi abuela que nos vió, me dio un beso y dijo:
Lo más importante es el amor que brindemos, no importa nada más.
Ana Maria Leyva Burgos