Antares
Poeta adicto al portal
LAS HORAS DE LOS HUÉRFANOS
El faro en la costa aprende a brillar
sobre el oscuro horizonte.
Aprendemos a mudarnos, a renacer.
A descifrar los códigos secretos de las miradas.
Logramos con paciencia entender entre líneas los sentimientos.
Cuánto se gana mirando a los ojos,
también cuánto se pierde…
Qué fragilidad.
Siempre que nos deja un ser querido,
en el camino descubrimos
que nadie nos enseña a ser huérfanos.
Todos lo somos en algún momento.
A partir de ahí comienzan las horas,
esas que son distintas, son horas
que se pierden, que desarman y destrozan.
El avance es atroz
entre la maleza de la vida ausente.
Cuántas preguntas quedaron sin respuestas
y aún así la faz muestra lo vivido.
Hueco en la zona del pecho
donde antes vivían las emociones…
Colocaré tu sonrisa imaginaria
en el espacio vacío.
Al igual que un hijo nunca pesa a una madre,
el dolor que deja huérfanos
pesará para siempre.
Es una gravedad constante e ingrata
que te incrusta en los surcos de la tierra
donde la realidad reta a diario.
Y allí clavados seguimos esperando un regreso.
El huérfano siempre espera,
es un buen conocedor del verbo.
Horas y horas…
Horas conocidas
como las horas de los huérfanos.
El faro en la costa aprende a brillar
sobre el oscuro horizonte.
Aprendemos a mudarnos, a renacer.
A descifrar los códigos secretos de las miradas.
Logramos con paciencia entender entre líneas los sentimientos.
Cuánto se gana mirando a los ojos,
también cuánto se pierde…
Qué fragilidad.
Siempre que nos deja un ser querido,
en el camino descubrimos
que nadie nos enseña a ser huérfanos.
Todos lo somos en algún momento.
A partir de ahí comienzan las horas,
esas que son distintas, son horas
que se pierden, que desarman y destrozan.
El avance es atroz
entre la maleza de la vida ausente.
Cuántas preguntas quedaron sin respuestas
y aún así la faz muestra lo vivido.
Hueco en la zona del pecho
donde antes vivían las emociones…
Colocaré tu sonrisa imaginaria
en el espacio vacío.
Al igual que un hijo nunca pesa a una madre,
el dolor que deja huérfanos
pesará para siempre.
Es una gravedad constante e ingrata
que te incrusta en los surcos de la tierra
donde la realidad reta a diario.
Y allí clavados seguimos esperando un regreso.
El huérfano siempre espera,
es un buen conocedor del verbo.
Horas y horas…
Horas conocidas
como las horas de los huérfanos.
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