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Las fuentes amarillas

Orfelunio

Poeta veterano en el portal


Las fuentes amarillas



¿De dónde vienen?,
¿a dónde van?
Si se detienen
no pasaran…
De donde lleguen
adonde están,
no se desplieguen,
se perderán.

Era una niña mala malísima,
que se comía la goma de borrar,
porque sabía a aromas de menta dulcísima,
a chocolate y a fresa, a natillitas de amar.

Le dijo una niña buena buenísima:
“No comas la goma,
que te va a sentar mal”.

Respondió la niña mala malísima
a la niña buena buenísima:
“Si no lo pruebas nunca sabrás,
porque dices el mal sin la prueba;
una vez la hayas probado,
ya me dirás,
si el bien, o el mal, degustado,
es bien o es mal que me das”.

Muchos son los que escuchan,
pocos los que prestan oído;
muchos los llamados,
pocos los escogidos;
sin embargo los sordos,
y los rechazados,
son el gran motivo,
la nada más absoluta
y el confín del hombre mismo.

“Noventa y un años que mi carne
y mis huesos se unieron,
y esta media noche, como siempre,
yaciendo en las fuentes amarillas”
Gosan Jöseki

En la nada absoluta, en el no ego,
no hay ningún cambio de la vida a la muerte:
“Esta misma noche, como siempre”

Ser extático en las actividades vivas,
ser en la nada y nada en el ser:
“Las fuentes amarillas”

Pero el agua no moja al agua,
el fuego no quema al fuego.
La realidad no tiene forma,
encuentra su forma en el vacío;
el mismo vacío del fuego,
pese a fuego, que no quema,
y el agua, pese a agua, que no moja.

Es la forma sin forma,
la forma real de todas las cosas
donde no hay transición en la absoluta nada
que expone la vida y la muerte.

Cuando era joven,
había un amigo
que me llamaba
el superhombre.
Yo me sentía muy mal
con aquel apelativo
porque me lo decía
con una especie de odio,
o envidia que yo no lograba entender,
porque nada hacía
para que así fuese llamado.

Parece ser, que lo que yo era
es más maduro en cuanto al no yo;
pues no había madurado
como otros de mi edad,
en el ego donde el hombre
se identifica por la moral,
y entiende el mal,
como aquello de lo que el yo
tiene conciencia.

Soy licenciado en cuatro disciplinas:
“fuego, agua, aire y tierra,
pero sólo sé que no sé nada”

Ella era una supernova
y yo un superhombre de la Tierra.
No me había dado cuenta,
pero soy un nihilista positivo
desde mi más tierna infancia;
soy un Buda más de los antiguos,
y soy un Cristo;
y tú, amigo, que eres mi amigo,
y tú, hermano, que eres mi hermano,
y tú, extraño, que eres extraño…
Nunca os conocí,
pero ahora os he conocido
no desde el cielo o la tierra,
sino desde el sí mismo de absoluto vacío,
y yaciendo, como siempre,
en las fuentes amarillas.
 
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