blue spring
Poeta recién llegado
Las cinco y media
Se despertó, en ensueños creía haber oído una voz. Le costó reaccionar, miró por la ventana a través de la cortina y pudo ver luna que se asomaba detrás de los edificios. La voz volvió a hablar. Era una voz de hombre que provenía del dormitorio contiguo, el de su hija. Sintió miedo, el corazón le palpitaba y no podía distinguir la hora en el reloj. Podrían ser la una y veinticinco o las cinco y cinco. Transpiraba y sentía frío al mismo tiempo, la puerta de su dormitorio, que siempre permanecía abierta durante las noches, estaba cerrada y no se animaba a encender el velador por temor a que el hombre se diera cuenta, que ella lo había descubierto y le hiciera daño a su hija.
Se levantó en puntas de pié para acercarse a la puerta y escuchar lo que estaba sucediendo. Sus piernas temblaban mientras caminaba y trataba de ver por debajo de la puerta si se filtraba luz. Las luces estaban apagadas. La voz continuaba hablando pero no entendía lo que decía. Creyó que se desmayaba porque casi no podía respirar. Pensó, el celular estaba cargándose sobre la mesa del comedor, junto a las cosas que debía llevar al trabajo al día siguiente. La cuchilla estaba en la cocina, también la tijera. En el dormitorio no había nada para defenderse. Acercó su cabeza a la puerta y escuchó: -Adiós mujer.- Era la voz de un viejo.
¿Cómo se estaba despidiendo? ¿Quién era ese hombre que podía entrar a su casa durante la noche al dormitorio de su hija? Comenzó a llorar. Sintió un roce en sus piernas que casi le arrancó un grito que sofocó tapándose la boca con las dos manos. Era la gata que se había despertado y se frotaba contra sus piernas.
Finalmente abrió la puerta, descompuesta, hecha un mar de lágrimas y entró en el dormitorio de de su hija ilumindado por el monitor de la computadora. Un rectángulo amarillo brillaba en la pantalla. Su hija adivinando su presencia en la oscurdiad le dijo:
- Hola má.
Ella, solía despertarse media hora después y programaba música en la computadora para que la despertara junto con el perfume del café y las tostadas.
- ¿Qué es eso? - preguntó con un gemido..
- Nada. ¿Qué te pasa?
-¿Que eso? Casí gritó.
- Benedetti, Clarín publicó unos versos recitados por Benedetti y me los bajé. Son MP3. El Winap está en Random y en vez de pasar música cayó ahí.
- Hablame en castellano antiguo, no entiendo nada.- Rogó. No sabía si llorar o reírse.
- Este se llama Si Dios fuera mujer, también me bajé el capítulo 7 de Rayuela de Cortazar por Cortazar. El viejo cumplió 80 años. ¿Querés escuchar a Cortazar?
Sólo pudo decir:
- Ah!, buen título - El viejo debería ser Benedetti porque Cortazar estaba muerto.
- ¿Qué hora es?- balbuceó
- Las cinco y media.
- ¿Y porqué a esta hora?
- Porqué tengo examen y no terminé de estudiar. Haceme café.
- Esto no figura ni en la revista Padres ni en ningún manual de puericultura.......- Contestó y fué a la cocina a preparar el café mientras pensaba, que en realidad necesitaba en un cognac.
04-03-07 Susana