Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
No es fácil hablar en libertad
expresar qué se piensa
qué se siente
al pasar por la vida,
por el mundo
al vivir bajo el dogma que se encarna
en la mente del hombre,
con cuerpo de verdad
La realidad es puerca, bien lo sé
nos salva la utopía
ese don de soñar
de crear fantasías
que en fragmentos de pena
quisieran ser verdad
y se construyen dogmas
las calles
las aceras
los vientos y los vuelos
son la pauta del dogma
ni la palabra escapa
solo queda el pensar
¡Ay multitudes viejas!
¡Ay laberintos huecos!
No hay prisión más perfecta
que obligarse a callar
a servir a esa idea
que se siente verdad
Pobres, todos los dogmas:
la riqueza es pensar
escuchar
discernir del engaño
que se vuelve fatal
cuando se vuelve dogma
y se encubre cual rito
que se cree verdad
Adoramos los dogmas
porque es cruda y nos duele
la amarga realidad.
Este tema lo escribo al observar las reacciones que despierta entre la gente (alguna gente), la gira de la activista cubana Yoani Sanchez, quien por primera vez sale de la isla para denunciar lo que ella cree es injusto.
Yo no sé qué tan ciertas sean sus sus posturas políticas ante el régimen cubano. Yo no sé si tras ella esté, como se piensa, el financiamiento del Imperio Norteamericano. Es muy posible que así sea, porque así se las gasta ese poder mundano, como todos los otros imperios que han existido, y los que hoy son su contraparte.
El tema es sobre la libertad de expresión, sobre la libertad de pensamiento, sobre la animadversión natural que un ser pensante manifiesta con toda sinceridad ante las actitudes dogmáticas, que son reprobables y degradantes para el género humano, sean éstas de corte religioso o político.
Yo no soy una persona ingenua, valga esto en ambos sentidos, ni para los criterios que son favorables al imperio yanqui, ni para las camarillas que se vuelven tras el escudo del dogma, incuestionable. Aquí hablamos sobre el derecho de expresar lo que se piensa, y el valor de la dialéctica. Dialogar en vez de estigmatizar, intercambiar realidades y conceptos en libertad. Poderlo hacer en un ambiente apropiado es un derecho de la humanidad. Es cierto que en nuestros países, que presumen de permitir la libertad de expresión, tal cuestión es una mascarada. Pues en estas nuestras latitudes los individuos como usted o como yo, realmente no tenemos ese derecho. Nuestras voces no se escuchan en los grandes medios masivos de comunicación para expresar nuestra opinión de la realidad nacional en que vivimos, esa que motiva las migraciones por hambre, por persecución política, por el anhelo de una mejor forma de vida. En nuestros países los únicos que tienen y ejercen la libertad de expresión son los dueños de los medios y ciertas personas que son proclives a los grandes núcleos de poder de los cuales funcionan como sus voceros. Las voces disidentes en nuestros países son descalificadas y estigmatizadas. Así que la verborrea publicitaria de que en nuestra sociedad si existe la libertad de expresión es una verdad a medias, y más que a medias una falacia discursiva.
El tema del poema se refiere al dogma, esa doctrina que niega el permiso para exponer la desnudez como si esta desnudez nos descubriera el alma. El hombre tiene todo el derecho a ser disidente pero no tiene ningún derecho a imponer a los demás sus propios dogmas.
Que las ideas expresen con libertad porque el pensar es cualidad humana. Los dogmas son un lastre y una vergüenza para los seres pensantes. Que se discuta lo que se tenga que discutir, sobre todo, que se derrumben de los pedestales, los dogmas.
expresar qué se piensa
qué se siente
al pasar por la vida,
por el mundo
al vivir bajo el dogma que se encarna
en la mente del hombre,
con cuerpo de verdad
La realidad es puerca, bien lo sé
nos salva la utopía
ese don de soñar
de crear fantasías
que en fragmentos de pena
quisieran ser verdad
y se construyen dogmas
las calles
las aceras
los vientos y los vuelos
son la pauta del dogma
ni la palabra escapa
solo queda el pensar
¡Ay multitudes viejas!
¡Ay laberintos huecos!
No hay prisión más perfecta
que obligarse a callar
a servir a esa idea
que se siente verdad
Pobres, todos los dogmas:
la riqueza es pensar
escuchar
discernir del engaño
que se vuelve fatal
cuando se vuelve dogma
y se encubre cual rito
que se cree verdad
Adoramos los dogmas
porque es cruda y nos duele
la amarga realidad.
Este tema lo escribo al observar las reacciones que despierta entre la gente (alguna gente), la gira de la activista cubana Yoani Sanchez, quien por primera vez sale de la isla para denunciar lo que ella cree es injusto.
Yo no sé qué tan ciertas sean sus sus posturas políticas ante el régimen cubano. Yo no sé si tras ella esté, como se piensa, el financiamiento del Imperio Norteamericano. Es muy posible que así sea, porque así se las gasta ese poder mundano, como todos los otros imperios que han existido, y los que hoy son su contraparte.
El tema es sobre la libertad de expresión, sobre la libertad de pensamiento, sobre la animadversión natural que un ser pensante manifiesta con toda sinceridad ante las actitudes dogmáticas, que son reprobables y degradantes para el género humano, sean éstas de corte religioso o político.
Yo no soy una persona ingenua, valga esto en ambos sentidos, ni para los criterios que son favorables al imperio yanqui, ni para las camarillas que se vuelven tras el escudo del dogma, incuestionable. Aquí hablamos sobre el derecho de expresar lo que se piensa, y el valor de la dialéctica. Dialogar en vez de estigmatizar, intercambiar realidades y conceptos en libertad. Poderlo hacer en un ambiente apropiado es un derecho de la humanidad. Es cierto que en nuestros países, que presumen de permitir la libertad de expresión, tal cuestión es una mascarada. Pues en estas nuestras latitudes los individuos como usted o como yo, realmente no tenemos ese derecho. Nuestras voces no se escuchan en los grandes medios masivos de comunicación para expresar nuestra opinión de la realidad nacional en que vivimos, esa que motiva las migraciones por hambre, por persecución política, por el anhelo de una mejor forma de vida. En nuestros países los únicos que tienen y ejercen la libertad de expresión son los dueños de los medios y ciertas personas que son proclives a los grandes núcleos de poder de los cuales funcionan como sus voceros. Las voces disidentes en nuestros países son descalificadas y estigmatizadas. Así que la verborrea publicitaria de que en nuestra sociedad si existe la libertad de expresión es una verdad a medias, y más que a medias una falacia discursiva.
El tema del poema se refiere al dogma, esa doctrina que niega el permiso para exponer la desnudez como si esta desnudez nos descubriera el alma. El hombre tiene todo el derecho a ser disidente pero no tiene ningún derecho a imponer a los demás sus propios dogmas.
Que las ideas expresen con libertad porque el pensar es cualidad humana. Los dogmas son un lastre y una vergüenza para los seres pensantes. Que se discuta lo que se tenga que discutir, sobre todo, que se derrumben de los pedestales, los dogmas.
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