[center:5edd1c8d1d]¡Oh, Laodice!
Me miras y sonríes
Ves como me arranco los cabellos
Como lloro de desconsuelo
Me resulta imposible dormir
Y es que no paras de sonreír
Señalándome en la vigilia
Con tus dedos largos y delgados
Acechándome en la noche
Con tus cuencas vacías
Tus burlescas brujerías
Sólo porque no fui valiente
No fui capaz de enterrarte
Mas permaneces sonriente
Fui egoísta, esposa mía
No quise que tu belleza
Fuera pasto para los gusanos
No es digna esta tierra
De acogerte entre sus manos
Te postré sobre estas sábanas
Prefiriendo verte pudrir
A alejarte de mi lado
Y morir de tanto sufrir;
Por miedo a que encontrases
Un donjuán entre los muertos
Perdida en el Otro Mundo
En sus secretos y desiertos.
Pero lejos de odiarme
Y dejar de desearme
Tú permaneces sentada
Con tu vestido de satén
Mirándome hasta dentro
Y sonriéndome también,
Y es tu sonrisa lo que me atormenta
Entre la marmórea osamenta
Que ha devorado tu carne
Bajo unas largas melenas
Cubriendo las sienes
Antes blancas y serenas
Envueltas por la hiedra
Del hedor de un cadáver
Y un negro corazón de piedra.
De todos los horrores
El peor está en tus labios
Pútrida hilera de dientes
Que me dice que me quieres
Y luego susurra que mientes
Esa gélida sensación
Que inmisericorde me incisa
Y me parte el corazón
Sólo te suplico:
¡Borra esa sonrisa!
[/center:5edd1c8d1d]
Me miras y sonríes
Ves como me arranco los cabellos
Como lloro de desconsuelo
Me resulta imposible dormir
Y es que no paras de sonreír
Señalándome en la vigilia
Con tus dedos largos y delgados
Acechándome en la noche
Con tus cuencas vacías
Tus burlescas brujerías
Sólo porque no fui valiente
No fui capaz de enterrarte
Mas permaneces sonriente
Fui egoísta, esposa mía
No quise que tu belleza
Fuera pasto para los gusanos
No es digna esta tierra
De acogerte entre sus manos
Te postré sobre estas sábanas
Prefiriendo verte pudrir
A alejarte de mi lado
Y morir de tanto sufrir;
Por miedo a que encontrases
Un donjuán entre los muertos
Perdida en el Otro Mundo
En sus secretos y desiertos.
Pero lejos de odiarme
Y dejar de desearme
Tú permaneces sentada
Con tu vestido de satén
Mirándome hasta dentro
Y sonriéndome también,
Y es tu sonrisa lo que me atormenta
Entre la marmórea osamenta
Que ha devorado tu carne
Bajo unas largas melenas
Cubriendo las sienes
Antes blancas y serenas
Envueltas por la hiedra
Del hedor de un cadáver
Y un negro corazón de piedra.
De todos los horrores
El peor está en tus labios
Pútrida hilera de dientes
Que me dice que me quieres
Y luego susurra que mientes
Esa gélida sensación
Que inmisericorde me incisa
Y me parte el corazón
Sólo te suplico:
¡Borra esa sonrisa!