guerrero verde
Poeta veterano en el portal.
Percibió el frío del metal clavarse en su carne,
hacerse espacio entre sus costillas roídas por la fe.
La lanza, ese ser inerte, había entrado en su cuerpo,
encontrando únicamente un espacio vacío,
una conjetura de tejidos y tímidos ríos de sangre.
No había un alma, y aun así,
retumbaba, agónico, el eco del latido de un corazón.
La oscuridad domaba esa bóveda saqueada por la razón,
como si del cielo las estrellas hubieran sido sisadas.
La sangre empezó a brotar por la herida,
tranquila y sin prisa, como si supiera su destino,
como si siguiera el guión de esa gran obra que era su vida.
La sangre fluyó por la lanza hasta las manos que la sujetaba,
y la sangre, estando expuesta al mundo, pensó;
-la sangre de este cuerpo tiene suerte porque alimenta
el cuerpo de un ser que está vivo y sometido al tiempo-
hacerse espacio entre sus costillas roídas por la fe.
La lanza, ese ser inerte, había entrado en su cuerpo,
encontrando únicamente un espacio vacío,
una conjetura de tejidos y tímidos ríos de sangre.
No había un alma, y aun así,
retumbaba, agónico, el eco del latido de un corazón.
La oscuridad domaba esa bóveda saqueada por la razón,
como si del cielo las estrellas hubieran sido sisadas.
La sangre empezó a brotar por la herida,
tranquila y sin prisa, como si supiera su destino,
como si siguiera el guión de esa gran obra que era su vida.
La sangre fluyó por la lanza hasta las manos que la sujetaba,
y la sangre, estando expuesta al mundo, pensó;
-la sangre de este cuerpo tiene suerte porque alimenta
el cuerpo de un ser que está vivo y sometido al tiempo-
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