Hector Alberto Villarruel
Poeta que considera el portal su segunda casa
LÁGRIMAS SURREALISTAS
He sembrado mis pasos
sobre un camino de árboles muertos
al expirar del margen
donde la ciudad se incendia en la noche.
He bordeado el reflejo carmesí
que en los jirones negros
salpicaba la agonía del crepúsculo.
Al límite, sintiendo sobre mí
los tentáculos quietos
que enmudecidamente recortaban ascendiendo
su silueta abandonada,
mojé la tierra en su cama ancha
extendidamente fuera, sin verguenza.
Allí , entre los cantos rodados y el olvo ocre
de la ceniza consumida,
el apocalipsis de la urbe rociaba apenas el espacio
y, entre los brazos fríos y duros
que del lomo vencido de los olmos,
estallaban muriendo,
lasombra despegada de mi cuerpo
enlazábase en las ruinas de cemento
que violaban la espalda helada de la hierba.
Más callado y solo,
más herido y muerto,
el viento interrogaba naciendo crujidos en las ramas,
mientras, la calavera blanca de la luna
derramaba espectros conspirando.
Hector Alberto Villarruel.
He sembrado mis pasos
sobre un camino de árboles muertos
al expirar del margen
donde la ciudad se incendia en la noche.
He bordeado el reflejo carmesí
que en los jirones negros
salpicaba la agonía del crepúsculo.
Al límite, sintiendo sobre mí
los tentáculos quietos
que enmudecidamente recortaban ascendiendo
su silueta abandonada,
mojé la tierra en su cama ancha
extendidamente fuera, sin verguenza.
Allí , entre los cantos rodados y el olvo ocre
de la ceniza consumida,
el apocalipsis de la urbe rociaba apenas el espacio
y, entre los brazos fríos y duros
que del lomo vencido de los olmos,
estallaban muriendo,
lasombra despegada de mi cuerpo
enlazábase en las ruinas de cemento
que violaban la espalda helada de la hierba.
Más callado y solo,
más herido y muerto,
el viento interrogaba naciendo crujidos en las ramas,
mientras, la calavera blanca de la luna
derramaba espectros conspirando.
Hector Alberto Villarruel.