Agustín Nicolás
"El recuerdo es el idioma de los sentimientos"
Lágrima oculta
Lágrima que te ocultas,
te guardas dentro mío,
no queriendo salir;
del exterior te escabulles,
te tapas con mi piel como si tuvieses frío.
Hace tiempo no lloro,
y no porque no hubiese ocasiones,
las cuales son un sinfín,
sino porque él no quiere, ni aún solo,
quebrantar su hombría mostrando emociones.
"¿Él es el llanto o soy yo?"
No comprendo; hasta ahora eso somos:
incomprensión al ir y venir,
miles de millones de corazones, poco amor.
Somos una ínfima partícula perdida en el cosmos,
pero un universo por dentro,
capaz de crear cosas maravillosas
y, sin embargo, arruinarlas al fin
de complacer con lo "correcto" al resto.
Esa actitud que detesto denigra a la persona.
Ser uno es de la vida el fin:
amar sin miedo al qué dirán,
ante el rubor sonreír,
ante el escollo pararse y seguir,
hacia donde apunta el corazón, volar.
El tiempo corre y corre;
la hora lerdamente pasa,
al enérgico árbol transforma en aserrín,
a nosotros en polvo hacia el confín.
La vida se nos escurre; la fría muerte nos abraza.
Terrible muerte, que nostalgia y luto conlleva;
algún día tocará nuestras puertas,
súbita seca de las flores del jardín.
En escape puede convertirse de esta vida fiera.
De sentires, dolores, aromas, imágenes... quedará nuestra carne desierta.
¡Ya!
¡Ahora!
¡Despierta!
Lágrima que te ocultas,
te guardas dentro mío,
no queriendo salir;
del exterior te escabulles,
te tapas con mi piel como si tuvieses frío.
Hace tiempo no lloro,
y no porque no hubiese ocasiones,
las cuales son un sinfín,
sino porque él no quiere, ni aún solo,
quebrantar su hombría mostrando emociones.
"¿Él es el llanto o soy yo?"
No comprendo; hasta ahora eso somos:
incomprensión al ir y venir,
miles de millones de corazones, poco amor.
Somos una ínfima partícula perdida en el cosmos,
pero un universo por dentro,
capaz de crear cosas maravillosas
y, sin embargo, arruinarlas al fin
de complacer con lo "correcto" al resto.
Esa actitud que detesto denigra a la persona.
Ser uno es de la vida el fin:
amar sin miedo al qué dirán,
ante el rubor sonreír,
ante el escollo pararse y seguir,
hacia donde apunta el corazón, volar.
El tiempo corre y corre;
la hora lerdamente pasa,
al enérgico árbol transforma en aserrín,
a nosotros en polvo hacia el confín.
La vida se nos escurre; la fría muerte nos abraza.
Terrible muerte, que nostalgia y luto conlleva;
algún día tocará nuestras puertas,
súbita seca de las flores del jardín.
En escape puede convertirse de esta vida fiera.
De sentires, dolores, aromas, imágenes... quedará nuestra carne desierta.
¡Ya!
¡Ahora!
¡Despierta!