En el laberinto de un amor enfermo,
donde las palabras son dagas afiladas,
ella baila sobre el filo de una navaja,
mientras él la castiga con su silencio.
Cada gesto, cada mirada, cada palabra,
es un arma que hiere sin piedad,
ella se desvanece, se pierde en su propia sombra,
mientras él la culpa de su propia desdicha.
La comunicación es un campo minado,
donde cada paso en falso es una explosión,
ella camina con cuidado, con miedo a tropezar,
pero él la empuja hacia el abismo sin compasión.
La solución es un sueño lejano,
mientras la relación se desvanece en el aire,
ella necesita hablar, necesita escuchar,
pero él prefiere castigar, prefiere sufrir.
Cada palabra es un golpe bajo,
cada silencio es un puñetazo en el alma,
ella se desvanece, se pierde en la niebla,
mientras él se justifica con una sonrisa cínica.
"Lo hice porque tú hiciste esto",
una excusa para no escuchar,
para no entender, para no sentir,
para seguir hiriendo sin compasión.
Pero el pasado es un ancla que no suelta,
y el presente es un barco que se hunde sin remedio,
cuando buscas soluciones, te responden con un viento helado,
"Ya no me sirve", sin más intención, sin más aliento.
En este juego de culpas y dolores,
donde el amor se ha convertido en guerra,
el castiga, ella se derrumba,
y ambos se pierden en un mar de lágrimas.
No hay diálogo, no hay solución,
solo un ciclo de dolor y silencio,
donde la relación se desvanece,
y el amor se convierte en un recuerdo lejano.
En este laberinto de espejos rotos,
donde el amor se refleja en fragmentos de dolor,
cada intento de comunicación es un hilo que se rompe,
y solo queda el vacío, la soledad y el horror.
En este vacío, ¿Quién escucha?,
¿Quién siente el peso de las palabras?,
¿Quién sana las heridas del alma?,
¿Quién rompe el ciclo de dolor?"
-ibreen
21/05/24.
donde las palabras son dagas afiladas,
ella baila sobre el filo de una navaja,
mientras él la castiga con su silencio.
Cada gesto, cada mirada, cada palabra,
es un arma que hiere sin piedad,
ella se desvanece, se pierde en su propia sombra,
mientras él la culpa de su propia desdicha.
La comunicación es un campo minado,
donde cada paso en falso es una explosión,
ella camina con cuidado, con miedo a tropezar,
pero él la empuja hacia el abismo sin compasión.
La solución es un sueño lejano,
mientras la relación se desvanece en el aire,
ella necesita hablar, necesita escuchar,
pero él prefiere castigar, prefiere sufrir.
Cada palabra es un golpe bajo,
cada silencio es un puñetazo en el alma,
ella se desvanece, se pierde en la niebla,
mientras él se justifica con una sonrisa cínica.
"Lo hice porque tú hiciste esto",
una excusa para no escuchar,
para no entender, para no sentir,
para seguir hiriendo sin compasión.
Pero el pasado es un ancla que no suelta,
y el presente es un barco que se hunde sin remedio,
cuando buscas soluciones, te responden con un viento helado,
"Ya no me sirve", sin más intención, sin más aliento.
En este juego de culpas y dolores,
donde el amor se ha convertido en guerra,
el castiga, ella se derrumba,
y ambos se pierden en un mar de lágrimas.
No hay diálogo, no hay solución,
solo un ciclo de dolor y silencio,
donde la relación se desvanece,
y el amor se convierte en un recuerdo lejano.
En este laberinto de espejos rotos,
donde el amor se refleja en fragmentos de dolor,
cada intento de comunicación es un hilo que se rompe,
y solo queda el vacío, la soledad y el horror.
En este vacío, ¿Quién escucha?,
¿Quién siente el peso de las palabras?,
¿Quién sana las heridas del alma?,
¿Quién rompe el ciclo de dolor?"
-ibreen
21/05/24.