Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
LA VIDA QUE MATA. TREINTA Y UNO DE MARZO.
Mata el tiempo un treinta y uno de marzo,
tu ausencia hace pasos en el claustro de mi alma,
más tu recuerdo sale del oscuro, con la calma,
de un planeta distante, tan lejano como ausente,
rozas el iris con la punta de tu espectro y desbordante,
contemplas la escena del incógnito que golpea con mazo.
Errante es el caminante,
que te recorre descalzo,
no hay quien te conquiste,
ni desnudo ni vestido y alzo,
una plegaria al hueco de una tumba,
que se quede un demonio con mis armas,
préstame el dibujo de tu belleza ingrávida,
déjame pintarte como amante y poeta y retumba,
el ruido de los pinceles al clamarte la boca,
los besos son cascabeles con sonidos de derrota.
Deslumbras con tus ojos,
al infinito de una tormenta,
que habita en el huracán de los tiempos,
Atlas se ha entregado y se lamenta,
que tu no seas la bóveda celeste en sus manos,
el no tenerte es la vida pétrea que mata.
Abres al mundo en sus dos mitades,
no eres, Atenea, ni del cielo ni del infierno presa,
te reclama la belleza para sus altares,
estela violeta que transitas sigilosa,
en el misterio incomprendido de las deidades,
el éxtasis se entrega como hembra silenciosa,
nebulosa de mujer que sentirá tus mismos placeres,
en tus ojos florecen los brillos de una lágrima caprichosa,
haciendo de una fila de cipreses enjambres de rosales,
tus parpados se pliegan como alas de mariposa.
Mata el tiempo un treinta y uno de marzo,
tu ausencia hace pasos en el claustro de mi alma,
más tu recuerdo sale del oscuro, con la calma,
de un planeta distante, tan lejano como ausente,
rozas el iris con la punta de tu espectro y desbordante,
contemplas la escena del incógnito que golpea con mazo.
Errante es el caminante,
que te recorre descalzo,
no hay quien te conquiste,
ni desnudo ni vestido y alzo,
una plegaria al hueco de una tumba,
que se quede un demonio con mis armas,
préstame el dibujo de tu belleza ingrávida,
déjame pintarte como amante y poeta y retumba,
el ruido de los pinceles al clamarte la boca,
los besos son cascabeles con sonidos de derrota.
Deslumbras con tus ojos,
al infinito de una tormenta,
que habita en el huracán de los tiempos,
Atlas se ha entregado y se lamenta,
que tu no seas la bóveda celeste en sus manos,
el no tenerte es la vida pétrea que mata.
Abres al mundo en sus dos mitades,
no eres, Atenea, ni del cielo ni del infierno presa,
te reclama la belleza para sus altares,
estela violeta que transitas sigilosa,
en el misterio incomprendido de las deidades,
el éxtasis se entrega como hembra silenciosa,
nebulosa de mujer que sentirá tus mismos placeres,
en tus ojos florecen los brillos de una lágrima caprichosa,
haciendo de una fila de cipreses enjambres de rosales,
tus parpados se pliegan como alas de mariposa.