LA VIDA: PRIMER ACTO.
Es proverbial la luz que llega y da la vida
cuando entre dos cigotos que se complementan
con su encuentro le dan su fruto a lo terreno
del acto de placer que por amor se dice pleno
y se vuelve una hermosa conclusión que da el eterno.
Géstase así la vida humana y hasta de la que no,
de chispas animadas infinitas, pequeñas,
que entre traspiés y tumbos, navegando
en busca de un ideal desconocido,
en un lugar perdido del microuniverso
donde por fin coinciden, tras haber llegado
con enorme esfuerzo.
Con la genial evolución en particiones
y compartimientos, que van dando lugar al organismo,
se pasa a cada instante por tremendos cambios,
se deja de ser pez, y se hace anfibio,
que habrá de resollar al poco tiempo,
con dolor, al salir de su cunero,
al mostrarnos por fin, el cuerpo entero.
Atado aún para su nutrimento,
del Cordón Milagroso con su madre,
aspira el aire con dolor, y huele, y siente
la alegría de encontrarse en tantas manos,
que se tienden queriendo acariciarlo,
percibiendo las telas que lo limpian,
le lastiman los tubos que aspiran sus humores,
le hiere por la piel lo frío del nuevo ambiente,
chilla, grita desesperando a quien quiera escucharlo,
y alegre, por saberse vencedor de la lucha,
que a contarse empezó desde el primer segundo,
que fue su advenimiento a nuestro mundo.
Tinta en los pies y manos, el registro,
para dejar constancia de sus primeras huellas,
del ser que de un comienzo incierto y dependiente,
habrá de ser capaz de alcanzar las estrellas,
de hurgar en las profundidades de la tierra y los mares
volando sin las alas de las aves,
respirando sin branquias bajo el agua
usando los recursos de su inteligencia,
paso a paso, hombre con hembra o viceversa,
con vastas ilusiones, construyendo la ciencia.
Este primer momento de la vida humana,
no habrá de compararse a ninguna otra,
reflexionar en ello es cosa sana
y es un deber moral, tomemos nota.
Es proverbial la luz que llega y da la vida
cuando entre dos cigotos que se complementan
con su encuentro le dan su fruto a lo terreno
del acto de placer que por amor se dice pleno
y se vuelve una hermosa conclusión que da el eterno.
Géstase así la vida humana y hasta de la que no,
de chispas animadas infinitas, pequeñas,
que entre traspiés y tumbos, navegando
en busca de un ideal desconocido,
en un lugar perdido del microuniverso
donde por fin coinciden, tras haber llegado
con enorme esfuerzo.
Con la genial evolución en particiones
y compartimientos, que van dando lugar al organismo,
se pasa a cada instante por tremendos cambios,
se deja de ser pez, y se hace anfibio,
que habrá de resollar al poco tiempo,
con dolor, al salir de su cunero,
al mostrarnos por fin, el cuerpo entero.
Atado aún para su nutrimento,
del Cordón Milagroso con su madre,
aspira el aire con dolor, y huele, y siente
la alegría de encontrarse en tantas manos,
que se tienden queriendo acariciarlo,
percibiendo las telas que lo limpian,
le lastiman los tubos que aspiran sus humores,
le hiere por la piel lo frío del nuevo ambiente,
chilla, grita desesperando a quien quiera escucharlo,
y alegre, por saberse vencedor de la lucha,
que a contarse empezó desde el primer segundo,
que fue su advenimiento a nuestro mundo.
Tinta en los pies y manos, el registro,
para dejar constancia de sus primeras huellas,
del ser que de un comienzo incierto y dependiente,
habrá de ser capaz de alcanzar las estrellas,
de hurgar en las profundidades de la tierra y los mares
volando sin las alas de las aves,
respirando sin branquias bajo el agua
usando los recursos de su inteligencia,
paso a paso, hombre con hembra o viceversa,
con vastas ilusiones, construyendo la ciencia.
Este primer momento de la vida humana,
no habrá de compararse a ninguna otra,
reflexionar en ello es cosa sana
y es un deber moral, tomemos nota.