CUENDE
Poeta recién llegado
Es momento de entregar mi corazón
al mundo, al universo, a la nada.
El pálpito femoral que alimenta al cartílago
se incendia en los capiteles de la aorta y,
como robot armado saliendo en llamas,
aniquilaré con mi sangre
el arte de la manzana en bodegón.
¡No me sigáis porque no hará falta!
Estaré en el ojo del chamán
y seré el brillo en el metal del carnicero.
Con cera caliente llenaré hasta los bordes
las vaginas de todas las vírgenes;
el viaje del incienso
dejará intacta su locura al noveno mes.
Los perros masticarán los pellejos agónicos
[de mi carne,
que será ya espiga y,
cuando termine la digestión del sueño,
doradas coronas de trigo
se posarán dulcemente
en la madera noble;
junto al vino.
Isaac Cuende.
al mundo, al universo, a la nada.
El pálpito femoral que alimenta al cartílago
se incendia en los capiteles de la aorta y,
como robot armado saliendo en llamas,
aniquilaré con mi sangre
el arte de la manzana en bodegón.
¡No me sigáis porque no hará falta!
Estaré en el ojo del chamán
y seré el brillo en el metal del carnicero.
Con cera caliente llenaré hasta los bordes
las vaginas de todas las vírgenes;
el viaje del incienso
dejará intacta su locura al noveno mes.
Los perros masticarán los pellejos agónicos
[de mi carne,
que será ya espiga y,
cuando termine la digestión del sueño,
doradas coronas de trigo
se posarán dulcemente
en la madera noble;
junto al vino.
Isaac Cuende.