LA TRISTEZA DE LAS VENTANAS
Como bocas laceradas
como ojos pálidos esperando sus escrófulas
Abiertas a los vientos
cerradas a las cigarras y a las plantas tropicales
Con sus contraventanas quejumbrosas
y las pinturas huyendo en desbandada.
Qué tristeza aquella de las ventanas
aferradas a sus jambas
suicidas imposibles sobre las calles oscuras
llorando geranios rojos
y matronas que sacuden sus ubres voluptuosas
sobre el señor que pasea bajo ella
su bombín y su tristeza.
Qué tristeza metafísica la de la ventana que añora
al profesor de matemáticas y sus clases particulares.
Fachadas caliginosas puntuadas por ventanas legañosas
vieja ciudad donde pululan en desorden las ventanas
como bocas
como ojos
como esfínteres
como cuadrangular abertura
para acceder al misterio
Equívoco recorrido
al origen de los dramas
al origen del sonido desgranado por las lágrimas
que caen sobre la carta arrugada
donde la traición se esconde.
Quien no cae en la tentación
de mirar a una ventana abierta
la mirada intrusa como una sota de bastos
que revuelve los reflejos
del viejo armario de luna
sobre la cama deshecha
que mantiene todavía
el hechizo de un perfume.
Ya no quedan costureras púdicas eflorescencias
tras las ventanas
ni mozas enamoradas que platiquen al ocaso
y consuelen la tristeza de las ventanas.
Los ojos enjutos de las fachadas
permanecen en sus ocultos misterios
como ladridos sin eco
como muñecos de trapo
desangrados en sus cortinajes rojos
en los visillos que celan
y desvelan aquellos eternos dramas
donde nace
la tristeza de las ventanas.
Como bocas laceradas
como ojos pálidos esperando sus escrófulas
Abiertas a los vientos
cerradas a las cigarras y a las plantas tropicales
Con sus contraventanas quejumbrosas
y las pinturas huyendo en desbandada.
Qué tristeza aquella de las ventanas
aferradas a sus jambas
suicidas imposibles sobre las calles oscuras
llorando geranios rojos
y matronas que sacuden sus ubres voluptuosas
sobre el señor que pasea bajo ella
su bombín y su tristeza.
Qué tristeza metafísica la de la ventana que añora
al profesor de matemáticas y sus clases particulares.
Fachadas caliginosas puntuadas por ventanas legañosas
vieja ciudad donde pululan en desorden las ventanas
como bocas
como ojos
como esfínteres
como cuadrangular abertura
para acceder al misterio
Equívoco recorrido
al origen de los dramas
al origen del sonido desgranado por las lágrimas
que caen sobre la carta arrugada
donde la traición se esconde.
Quien no cae en la tentación
de mirar a una ventana abierta
la mirada intrusa como una sota de bastos
que revuelve los reflejos
del viejo armario de luna
sobre la cama deshecha
que mantiene todavía
el hechizo de un perfume.
Ya no quedan costureras púdicas eflorescencias
tras las ventanas
ni mozas enamoradas que platiquen al ocaso
y consuelen la tristeza de las ventanas.
Los ojos enjutos de las fachadas
permanecen en sus ocultos misterios
como ladridos sin eco
como muñecos de trapo
desangrados en sus cortinajes rojos
en los visillos que celan
y desvelan aquellos eternos dramas
donde nace
la tristeza de las ventanas.
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