ANAPLUCHINSKY
Poeta asiduo al portal
Mi gato negro ha dado
desde arriba del tejado
una excelente lección,
demostrándole a la gente
que cree en su mala suerte
casi sin explicación,
que eso si es un horror
que lo traten diferente
por tener ese color.
Yo sólo transmito amor...
les dijo a continuación
mi gato, muy seriamente...
Que gran equivocación,
juzgarme por mi color
me resulta impertinente.
Soy negro de corazón
y eso me pone orgulloso,
no sean escandalosos
déjenme en paz, por favor...
El negro es mi pasión
no se me pongan nerviosos.
Me quiero así y me valoró
de vez cuando yo lloro
cuando pinta la ocasión.
Buscando un mundo mejor
llevo mi cruz y mi flor
pero también me enamoro.
Discriminar no es opción
nadie es más, ni nadie es menos
Y nunca un color de pelo
su suerte les cambiaría,
vivan distinta la vida
contentos, con empatía
tratando de no juzgar
a nadie hay que lastimar
bajandole la autoestima.
Yo quiero un mundo distinto
para poder caminar
libre por esta ciudad
sin tener ningún conflicto.
Sin pensar en lo distinto
a todos voy a aceptar,
los miedos voy a olvidar
confiaré en mis instintos
que los debo perdonar.
Y yo que fui tan temido...
Así es como me despido
pensando en mi buena suerte
y espero que vuestra gente
me saque de ese lugar
¡Basta de tanta maldad¡
No hay que ser indiferente...
Ana María Pluchinsky
desde arriba del tejado
una excelente lección,
demostrándole a la gente
que cree en su mala suerte
casi sin explicación,
que eso si es un horror
que lo traten diferente
por tener ese color.
Yo sólo transmito amor...
les dijo a continuación
mi gato, muy seriamente...
Que gran equivocación,
juzgarme por mi color
me resulta impertinente.
Soy negro de corazón
y eso me pone orgulloso,
no sean escandalosos
déjenme en paz, por favor...
El negro es mi pasión
no se me pongan nerviosos.
Me quiero así y me valoró
de vez cuando yo lloro
cuando pinta la ocasión.
Buscando un mundo mejor
llevo mi cruz y mi flor
pero también me enamoro.
Discriminar no es opción
nadie es más, ni nadie es menos
Y nunca un color de pelo
su suerte les cambiaría,
vivan distinta la vida
contentos, con empatía
tratando de no juzgar
a nadie hay que lastimar
bajandole la autoestima.
Yo quiero un mundo distinto
para poder caminar
libre por esta ciudad
sin tener ningún conflicto.
Sin pensar en lo distinto
a todos voy a aceptar,
los miedos voy a olvidar
confiaré en mis instintos
que los debo perdonar.
Y yo que fui tan temido...
Así es como me despido
pensando en mi buena suerte
y espero que vuestra gente
me saque de ese lugar
¡Basta de tanta maldad¡
No hay que ser indiferente...
Ana María Pluchinsky