La sombra se ha encanecido
en esta inmensa mañana.
Quizás el tiempo vuelva y pase...
La realidad se escapa
de todas las palabras.
Aunque algunos se afanen
y griten desbocados,
y se atrevan, soberbios
a levantar la mano
encima de los versos,
para tensar el puño
y atrapar el aliento
en las cajas cerradas
de sus mentes de ciervos,
y el espejo devuelva
lo que suele volverle
al que grita más fuerte:
un coro desquiciado
de entusiastas enfermos.
Hubo un cierto horizonte
una vez, hace tiempo,
donde el verde temblaba
al ritmo de los verbos,
cuando la tinta fresca
iba labrando un cause
a lo largo del tiempo.
Más oscuros juglares
nos libraron del cielo
y mancharon las coplas
con su aliento de fuego.
Y en este viento helado,
de mañana nubosa
de sombra encanecida
ya casi atardeciente,
eco de mil silencios
sembrados en el tiempo...
Me descubro implorante en la ventana
y no logro atraparme, mientras vuelco,
mis razones al pie de las montañas.
en esta inmensa mañana.
Quizás el tiempo vuelva y pase...
La realidad se escapa
de todas las palabras.
Aunque algunos se afanen
y griten desbocados,
y se atrevan, soberbios
a levantar la mano
encima de los versos,
para tensar el puño
y atrapar el aliento
en las cajas cerradas
de sus mentes de ciervos,
y el espejo devuelva
lo que suele volverle
al que grita más fuerte:
un coro desquiciado
de entusiastas enfermos.
Hubo un cierto horizonte
una vez, hace tiempo,
donde el verde temblaba
al ritmo de los verbos,
cuando la tinta fresca
iba labrando un cause
a lo largo del tiempo.
Más oscuros juglares
nos libraron del cielo
y mancharon las coplas
con su aliento de fuego.
Y en este viento helado,
de mañana nubosa
de sombra encanecida
ya casi atardeciente,
eco de mil silencios
sembrados en el tiempo...
Me descubro implorante en la ventana
y no logro atraparme, mientras vuelco,
mis razones al pie de las montañas.