prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Esa serpiente que dibujaba olas por las arenas del desierto
llegó en las garras de un águila
y su primer instinto fue morder
pero se dejó cautivada por la extraña sensación
de no tener que arrastrar su cuerpo
y sus ojos miraban desde el cielo
las mismas huellas que había dejado
como un testamento absurdo,
pues el veneno no se hereda de una serpiente para la otra.
llegó en las garras de un águila
y su primer instinto fue morder
pero se dejó cautivada por la extraña sensación
de no tener que arrastrar su cuerpo
y sus ojos miraban desde el cielo
las mismas huellas que había dejado
como un testamento absurdo,
pues el veneno no se hereda de una serpiente para la otra.
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