Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
En la mañana fría un sol destemplado
se abría paso entre nubes perezosas.
Un viento molesto, persistente,
casi incómodo se movía por el parque sin reposo.
El rosal, convertido en una rama pelada,
poco más que un palo seco,
recibió la luz como un regalo
y tomó el viento como brisa.
Cayó una lluvia breve,
apenas unas gotas,
las suficientes y justas
para humedecer levemente la tierra.
Y entonces, como un milagro, brotó una rosa.
Como un botón primero,
luego, tal cual si se desperezase,
se fue abriendo en una exhibición
de pétalos recios, blancos,
que tiemblan al aire,
su aroma exhalando.
Rosa de otoño que surge al mundo,
con ansias de primavera.
Rosa que se equivoca
y nace en tiempos de cantos finales,
tiempos cambiantes
que llegan sin detenerse,
hambrientos de todo cuanto hay,
ansiosos de llenarse
hasta saciarse por completo.
Flor de otoño, de vuelo caduco y corto,
flor equivocada, surgida como en un engaño.
La primera helada cortó su vuelo
y sus pétalos vencidos,
sueltos, cayeron al suelo.
Pero quedó en mi memoria
el recuerdo de su sueño.
se abría paso entre nubes perezosas.
Un viento molesto, persistente,
casi incómodo se movía por el parque sin reposo.
El rosal, convertido en una rama pelada,
poco más que un palo seco,
recibió la luz como un regalo
y tomó el viento como brisa.
Cayó una lluvia breve,
apenas unas gotas,
las suficientes y justas
para humedecer levemente la tierra.
Y entonces, como un milagro, brotó una rosa.
Como un botón primero,
luego, tal cual si se desperezase,
se fue abriendo en una exhibición
de pétalos recios, blancos,
que tiemblan al aire,
su aroma exhalando.
Rosa de otoño que surge al mundo,
con ansias de primavera.
Rosa que se equivoca
y nace en tiempos de cantos finales,
tiempos cambiantes
que llegan sin detenerse,
hambrientos de todo cuanto hay,
ansiosos de llenarse
hasta saciarse por completo.
Flor de otoño, de vuelo caduco y corto,
flor equivocada, surgida como en un engaño.
La primera helada cortó su vuelo
y sus pétalos vencidos,
sueltos, cayeron al suelo.
Pero quedó en mi memoria
el recuerdo de su sueño.