ClauHecate
Poeta recién llegado
Las recogía una a una con su pequeña red, y las iba guardando en el frasquito. Una a una, sin excepción. Deseaba juntar tantas estrellitas que el brillo de su frasquito le ganara al sol. Algo extraño tenía aquella botellita que parecía que en ella cabría el universo. Mi abuelita me dijo que la gran bruja Cheonte le había regalado aquel recipiente a la niña recolectora de estrellas. Debía juntar mucha luz para llevarla al castillo real donde dormitaba Justicia, una princesa que había sido condenada a muchos años de sueño y que sólo mucha luz en su rostro podría despertarla. Mientras tanto Justicia dormitaría ininterrumpidamente mientras su reino viviría en el caos total.
Mi abuelita y yo éramos las únicas que podíamos verla. Mi mamita no la veía, ni mi papá ni mi hermano, ese andaba conquistando chicas, no le importaba nada más. Mi abuela y yo nos sentábamos en la ventana cada noche a ver su rutina. Se veía siempre animosa, a pesar del cansancio que muy probablemente le embargaba. La niña recolectora de estrellas nos saludó una vez. Colocó una secuencia de estrellas y nos dibujó una carita feliz. Mi abuelita murió esa noche. Quizá la niña quiso avisarme.
No dejé de sentarme en la ventana a verla. Cuando me iba a dormir dejaba una rendija de la ventana abierta para verla pasar. Siempre que pasaba por mi cercanía me hacía un guiño. Fui creciendo, y ella conmigo. Yo tengo 12 años. Ella ya no es niña. Ahora tiene cuerpo de mujer, y se ha perdido su antigua emoción. Ahora se le ve muy triste. Quizá ha perdido las esperanzas de salvar el reino de la princesa Justicia. Quizá haya juntado tantas estrellitas sin poder dar la suficiente luz para despertarla que crea que todo está hecho ya. Que el mundo debe vivir en el caos en el que está. Que debe seguir sufriendo la gente buena mientras los malos triunfan, como me decía mi abuelita. Quizá eso es lo que Justicia considera justo, por eso dormita. Dormita porque es lo que merece su reino. Quizá eso cree la recolectora de estrellas. O quizá solo esté cansada de tantos años de lucha.
Esta noche bajó hasta mi ventana. La sentí tocar el vidrio y me asomé. Se había caído su frasquito y se rompió. Todas las estrellas subieron al cielo otra vez. Todo su trabajo había sido en vano. Entonces la recolectora de estrellas empezó a llorar, y una lágrima brillante como las estrellas cayó al suelo. Ahora tomó otro frasquito que le dio la gran bruja Cheonte. Ya no junta estrellas, ahora junta sus brillantes lágrimas, está tan triste que no para de llorar. Pero la antigua recolectora de estrellas no se cansa del mundo intentar salvar. Yo la miro y la miro y me pregunto si algún día lo logrará. Mi abuelita decía que tanto la princesa Justicia como ella tenían una condena eterna a nunca triunfar.
Mi abuelita y yo éramos las únicas que podíamos verla. Mi mamita no la veía, ni mi papá ni mi hermano, ese andaba conquistando chicas, no le importaba nada más. Mi abuela y yo nos sentábamos en la ventana cada noche a ver su rutina. Se veía siempre animosa, a pesar del cansancio que muy probablemente le embargaba. La niña recolectora de estrellas nos saludó una vez. Colocó una secuencia de estrellas y nos dibujó una carita feliz. Mi abuelita murió esa noche. Quizá la niña quiso avisarme.
No dejé de sentarme en la ventana a verla. Cuando me iba a dormir dejaba una rendija de la ventana abierta para verla pasar. Siempre que pasaba por mi cercanía me hacía un guiño. Fui creciendo, y ella conmigo. Yo tengo 12 años. Ella ya no es niña. Ahora tiene cuerpo de mujer, y se ha perdido su antigua emoción. Ahora se le ve muy triste. Quizá ha perdido las esperanzas de salvar el reino de la princesa Justicia. Quizá haya juntado tantas estrellitas sin poder dar la suficiente luz para despertarla que crea que todo está hecho ya. Que el mundo debe vivir en el caos en el que está. Que debe seguir sufriendo la gente buena mientras los malos triunfan, como me decía mi abuelita. Quizá eso es lo que Justicia considera justo, por eso dormita. Dormita porque es lo que merece su reino. Quizá eso cree la recolectora de estrellas. O quizá solo esté cansada de tantos años de lucha.
Esta noche bajó hasta mi ventana. La sentí tocar el vidrio y me asomé. Se había caído su frasquito y se rompió. Todas las estrellas subieron al cielo otra vez. Todo su trabajo había sido en vano. Entonces la recolectora de estrellas empezó a llorar, y una lágrima brillante como las estrellas cayó al suelo. Ahora tomó otro frasquito que le dio la gran bruja Cheonte. Ya no junta estrellas, ahora junta sus brillantes lágrimas, está tan triste que no para de llorar. Pero la antigua recolectora de estrellas no se cansa del mundo intentar salvar. Yo la miro y la miro y me pregunto si algún día lo logrará. Mi abuelita decía que tanto la princesa Justicia como ella tenían una condena eterna a nunca triunfar.
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