prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
La realidad de un poema
es como la de un recién nacido
que lo abandonó su madre en los escombros
y lo encuentra la gente,
callado y bello,
y todos lo acarician y quieren tener ese ángel,
mientras desde una esquina
ella funde su cara en lagrimas entre las manos
y se arrepiente por haberlo dejado,
después viene corriendo y grita
¡es mio, el niño es mio!
La mayoría de las veces
descubrimos la belleza de nuestros poemas
apenas despues de que otros los lea.
es como la de un recién nacido
que lo abandonó su madre en los escombros
y lo encuentra la gente,
callado y bello,
y todos lo acarician y quieren tener ese ángel,
mientras desde una esquina
ella funde su cara en lagrimas entre las manos
y se arrepiente por haberlo dejado,
después viene corriendo y grita
¡es mio, el niño es mio!
La mayoría de las veces
descubrimos la belleza de nuestros poemas
apenas despues de que otros los lea.