Rosa Reeder
Poeta que considera el portal su segunda casa
En un charquito escondido,
vivía Rana Jacaranda,
soñaba ser tan brillante
como la estrella más alta.
Miraba al cielo de noche
con ojitos de esmeralda,
“¡Yo quiero ser como el lucero,
que brilla y nunca se apaga!”
Saltaba muy alto y fuerte,
creía alcanzar la luna,
pero caía en el agua
chapoteando sin fortuna.
Un grillo sabio la vio
y le dijo con ternura:
“Brillar no es solo del cielo,
¡también en el alma dura!”
Entonces Rana entendió
que aunque no era chispeante,
tenía un canto muy dulce
y un corazón vibrante.
Cantó junto a los juncales,
iluminó su ribera,
y pronto el bosque completo
la llamó su luciérnaga nueva.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
vivía Rana Jacaranda,
soñaba ser tan brillante
como la estrella más alta.
Miraba al cielo de noche
con ojitos de esmeralda,
“¡Yo quiero ser como el lucero,
que brilla y nunca se apaga!”
Saltaba muy alto y fuerte,
creía alcanzar la luna,
pero caía en el agua
chapoteando sin fortuna.
Un grillo sabio la vio
y le dijo con ternura:
“Brillar no es solo del cielo,
¡también en el alma dura!”
Entonces Rana entendió
que aunque no era chispeante,
tenía un canto muy dulce
y un corazón vibrante.
Cantó junto a los juncales,
iluminó su ribera,
y pronto el bosque completo
la llamó su luciérnaga nueva.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados