valentino arrabal
Poeta recién llegado
Solamente dije que no y el silencio me escoltó al lugar de donde había salido. Entendí que volvería estar solo y al decidirlo, el reloj se detuvo en un instante, junto con toda esa vorágine de voces anónimas que me mantenían sobre la marcha.
Estando de vuelta, leí un letrero que decía:
Cuando te detengas, no olvides cerrar la puerta y de quiénes se quedan afuera
Entonces sentí que no venia solo. Estaban conmigo toda esa gente que alguna vez los conocí.
¿Es qué realmente no se puede estar verdaderamente solo?
Ese supuesto silencio que me acompaño hasta aquí, resultó ser como un coro ensordecedor de voces que habría embotado mi sentido auditivo y me habrían aislado siendo presa de su dominio.
Cuando hayas cerrado la puerta, fíjate que nadie quede afuera, escuché en mi interior. Y afuera estabas tú, cuando te volví a ver, sosteniendo el reloj que se había detenido, y habían desaparecido tales voces, y cuando creí estar a salvo, en el umbral, levanté la mirada y leí un letrero que decía:
Cuando hayas cruzado la puerta !no mires hacia atrás!
Y de pronto el reloj continúo su marcha.
Estando de vuelta, leí un letrero que decía:
Cuando te detengas, no olvides cerrar la puerta y de quiénes se quedan afuera
Entonces sentí que no venia solo. Estaban conmigo toda esa gente que alguna vez los conocí.
¿Es qué realmente no se puede estar verdaderamente solo?
Ese supuesto silencio que me acompaño hasta aquí, resultó ser como un coro ensordecedor de voces que habría embotado mi sentido auditivo y me habrían aislado siendo presa de su dominio.
Cuando hayas cerrado la puerta, fíjate que nadie quede afuera, escuché en mi interior. Y afuera estabas tú, cuando te volví a ver, sosteniendo el reloj que se había detenido, y habían desaparecido tales voces, y cuando creí estar a salvo, en el umbral, levanté la mirada y leí un letrero que decía:
Cuando hayas cruzado la puerta !no mires hacia atrás!
Y de pronto el reloj continúo su marcha.