cristobal monzon lemus
Poeta que considera el portal su segunda casa
LA PRUEBA DE LA HORMIGA
¡porque el tiempo es tan lento!; protestaba, insultaba y protestaba, quien estaba a la espera de su hora de partida, a su querida tierra, por años abandonara. Por e-mail, dicha queja, fue cursada al dios del tiempo, la distancia y el espacio, al reino de su despacho. De inmediato, envió al punto requerido, a un emisario, para calmar al protestante.
Estando junto a él; el quejoso encontró alguien, con quien y mayor fuerza gritar su inconformidad, contra el caminar despacioso del tiempo. El emisario después de escucharlo pacientemente le dijo entonces: tu te quejas que el tiempo es lento y parsimonioso, te desespera y te enoja: te voy hacer la prueba de la hormiga para demostrarte lo equivocado que estás. Incrédulo el protestante le insinuó: te acepto el reto, ¿a cambio de qué, si no me convences? Te prometo que en menos de lo que tú piensas, estará en el lugar donde quieres llegar pronto. De acuerdo respondió el desesperado viajero, sintiéndose de regreso a su terruño, en tiempo menos pensado. Entonces le dijo el comisario, observa ese reloj de ahí enfrente, y veras la prisa del tiempo; cada segundo saldrá una hormiga. Para ver más de cerca lo dicho, se puso sus anteojos. En efecto pasó el primer segundo, una hormiga salió corriendo. En un minuto salieron 60. El susodicho se dio cuenta que cada 15 minutos, salían 400 hormigas. Desde la hora de su llegada, a la hora de su partida, sumarían tres horas, según reglamento de los aeropuertos, cuando se dio cuenta lo llevaban cargado, 10,800 hormigas. Su esposa llegó a despertarlo cuando escucho los gritos, en aquella procesión de hormigas. Semidormido se levantó, tomó una pluma y un papel, y empezó a escribir lo siguiente: el tiempo transcurre, displicente, con sus manos invisibles, empujando la Tierra, procurando una vuelta completa en veinticuatro horas exactas, con la velocidad marcada, segundo a segundo, durante las veinticuatro horas del día, tomando en cuenta, que la hora tiene en su estructura, sesenta minutos, y cada minuto sesenta segundos, de cada segundo sale una hormiga, en sesenta hormigas sale un minuto, cada quince minutos, cuatrocientas hormigas, cada treinta hormigas, mil doscientos minutos, cada ciento ochenta hormigas, diez mil ochocientos minutos. Pasó el medio día y aquel hombre no paraba de contar minutos, comparar hormigas, calcular horas y minutos. Ahora está en tratamiento en un hospital Psiquiátrico.
Moraleja, no se desespere, deje que el tiempo cuente las hormigas pero no las mire.
respiro luego escribo
crisobal monzon lemus
¡porque el tiempo es tan lento!; protestaba, insultaba y protestaba, quien estaba a la espera de su hora de partida, a su querida tierra, por años abandonara. Por e-mail, dicha queja, fue cursada al dios del tiempo, la distancia y el espacio, al reino de su despacho. De inmediato, envió al punto requerido, a un emisario, para calmar al protestante.
Estando junto a él; el quejoso encontró alguien, con quien y mayor fuerza gritar su inconformidad, contra el caminar despacioso del tiempo. El emisario después de escucharlo pacientemente le dijo entonces: tu te quejas que el tiempo es lento y parsimonioso, te desespera y te enoja: te voy hacer la prueba de la hormiga para demostrarte lo equivocado que estás. Incrédulo el protestante le insinuó: te acepto el reto, ¿a cambio de qué, si no me convences? Te prometo que en menos de lo que tú piensas, estará en el lugar donde quieres llegar pronto. De acuerdo respondió el desesperado viajero, sintiéndose de regreso a su terruño, en tiempo menos pensado. Entonces le dijo el comisario, observa ese reloj de ahí enfrente, y veras la prisa del tiempo; cada segundo saldrá una hormiga. Para ver más de cerca lo dicho, se puso sus anteojos. En efecto pasó el primer segundo, una hormiga salió corriendo. En un minuto salieron 60. El susodicho se dio cuenta que cada 15 minutos, salían 400 hormigas. Desde la hora de su llegada, a la hora de su partida, sumarían tres horas, según reglamento de los aeropuertos, cuando se dio cuenta lo llevaban cargado, 10,800 hormigas. Su esposa llegó a despertarlo cuando escucho los gritos, en aquella procesión de hormigas. Semidormido se levantó, tomó una pluma y un papel, y empezó a escribir lo siguiente: el tiempo transcurre, displicente, con sus manos invisibles, empujando la Tierra, procurando una vuelta completa en veinticuatro horas exactas, con la velocidad marcada, segundo a segundo, durante las veinticuatro horas del día, tomando en cuenta, que la hora tiene en su estructura, sesenta minutos, y cada minuto sesenta segundos, de cada segundo sale una hormiga, en sesenta hormigas sale un minuto, cada quince minutos, cuatrocientas hormigas, cada treinta hormigas, mil doscientos minutos, cada ciento ochenta hormigas, diez mil ochocientos minutos. Pasó el medio día y aquel hombre no paraba de contar minutos, comparar hormigas, calcular horas y minutos. Ahora está en tratamiento en un hospital Psiquiátrico.
Moraleja, no se desespere, deje que el tiempo cuente las hormigas pero no las mire.
respiro luego escribo
crisobal monzon lemus