La profe.
Nunca impuso el silencio para comenzar la clase. Después de pasar lista, comenzaba con voz clara que iba alzando poco a poco, su lectura de narraciones o versos con perfecta dicción y cadencia. Se apagaban entonces los murmullos, un silencio de imanes iba cayendo sobre el aula, y quedábamos absortos en la senda hacia la magia que nos lleva a inclinarnos ante el bien más sublime: la belleza.
Nunca impuso el silencio para comenzar la clase. Después de pasar lista, comenzaba con voz clara que iba alzando poco a poco, su lectura de narraciones o versos con perfecta dicción y cadencia. Se apagaban entonces los murmullos, un silencio de imanes iba cayendo sobre el aula, y quedábamos absortos en la senda hacia la magia que nos lleva a inclinarnos ante el bien más sublime: la belleza.
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