La princesa de corona invisible
El estruendoso rechinar de la cortina de hierro,
es el fin del primer turno.
Cuelga su delantal como un cuadro inconcluso y
mientras todos se apresuran ella cierra los ojos
Como queriendo viajar a un mundo distinto,
a un lugar al que solo ella puede llegar.
El portón negro se cierra y ella sale en silencio
Camina segura por la calle, muchos rostros grises
pasan por su lado y a medida que se alejan se
van diluyendo como lagrimas en la lluvia.
Nadie ni nada la puede tocar, nada puede
cambiar sus colores, ninguna sombra puede cubrirla,
pues ella guarda en si su propia
luz, y aunque a su alrededor todo se cubra de gris, y el mundo
le sea hostil
ella se conservará siempre así, candida, iluminada y
transparente.
El estruendoso rechinar de la cortina de hierro,
es el fin del primer turno.
Cuelga su delantal como un cuadro inconcluso y
mientras todos se apresuran ella cierra los ojos
Como queriendo viajar a un mundo distinto,
a un lugar al que solo ella puede llegar.
El portón negro se cierra y ella sale en silencio
Camina segura por la calle, muchos rostros grises
pasan por su lado y a medida que se alejan se
van diluyendo como lagrimas en la lluvia.
Nadie ni nada la puede tocar, nada puede
cambiar sus colores, ninguna sombra puede cubrirla,
pues ella guarda en si su propia
luz, y aunque a su alrededor todo se cubra de gris, y el mundo
le sea hostil
ella se conservará siempre así, candida, iluminada y
transparente.