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La playa duerme

Capasa

Poeta que considera el portal su segunda casa
LA PLAYA DUERME
Sentada al borde de la playa, rodeada por el bramido de las olas, me siento tan pequeña, tan poca cosa, que camaleónica, me vuelvo arena.
La brisa fugaz me toca con un soplo y arrastra mi ser hacia el ocaso. Allí, donde el sol vuelve sangrante el atardecer y su disco inmensamente anaranjado se agranda perdiéndose en el horizonte, en ese instante queda mi imaginación perdida en el inmenso mar.
La noche va alfombrando la playa, las sirenas de los barcos, suenan en la distancia sus agónicas voces, anunciando su llegadas al puerto… A lo lejos un perro juguetea con un palo que su amo le tira repetidas veces, en el contraluz del atardecer las dos figura se difuminan.
El silenció va formando parte del paisaje.
Yo me quedo fuera del paisaje y espero, no se lo que espero, pero sigo allí, esperando y la noche monótona sin colores despliegas sus alas,que me envuelve e invaden con sentimientos nostálgicos.
Invisibles criaturas, me hablan al oído, de ventanas abiertas al amor, de esperanzas en el mañana, de luchas por la supervivencia, pero ya todo pasó…
Los años pasan, las ilusiones se cumplen, los sueños se realizan, las esperanzas se pierden, solo un sentimiento perdura, el miedo, miedo a perderlo todo, miedo a un nuevo amor, miedo a la vida, miedo a la muerte, miedo a la soledad, miedo al miedo.
Oigo el viento pasar y callan mis pensamientos. Perezosamente me levanto, hundo mis pies en la mojada arena y camino. Queda sola la playa, el mar calmado adormece, se vuelve plateado por la luna, que lo arrulla con nanas de sombras, las luces del pequeño pueblo fulguran como reclamo de la noche que empieza, las miro a hurtadilla, y hacia ellas camino dejando atrás la playa.
Silencio, silencio, la playa duerme…

(Es lo primero que escribo en prosa, me gustaría que me dierais vuestra opinión.)
 
LA PLAYA DUERME
Sentada al borde de la playa, rodeada por el bramido de las olas, me siento tan pequeña, tan poca cosa, que camaleónica, me vuelvo arena.
La brisa fugaz me toca con un soplo y arrastra mi ser hacia el ocaso. Allí, donde el sol vuelve sangrante el atardecer y su disco inmensamente anaranjado se agranda perdiéndose en el horizonte, en ese instante queda mi imaginación perdida en el inmenso mar.
La noche va alfombrando la playa, las sirenas de los barcos, suenan en la distancia sus agónicas voces, anunciando su llegadas al puerto… A lo lejos un perro juguetea con un palo que su amo le tira repetidas veces, en el contraluz del atardecer las dos figura se difuminan.
El silenció va formando parte del paisaje.
Yo me quedo fuera del paisaje y espero, no se lo que espero, pero sigo allí, esperando y la noche monótona sin colores despliegas sus alas,que me envuelve e invaden con sentimientos nostálgicos.
Invisibles criaturas, me hablan al oído, de ventanas abiertas al amor, de esperanzas en el mañana, de luchas por la supervivencia, pero ya todo pasó…
Los años pasan, las ilusiones se cumplen, los sueños se realizan, las esperanzas se pierden, solo un sentimiento perdura, el miedo, miedo a perderlo todo, miedo a un nuevo amor, miedo a la vida, miedo a la muerte, miedo a la soledad, miedo al miedo.
Oigo el viento pasar y callan mis pensamientos. Perezosamente me levanto, hundo mis pies en la mojada arena y camino. Queda sola la playa, el mar calmado adormece, se vuelve plateado por la luna, que lo arrulla con nanas de sombras, las luces del pequeño pueblo fulguran como reclamo de la noche que empieza, las miro a hurtadilla, y hacia ellas camino dejando atrás la playa.
Silencio, silencio, la playa duerme…

(Es lo primero que escribo en prosa, me gustaría que me dierais vuestra opinión.)

Querida Capasa, tu prosa, es claramente descriptiva, rica en imágenes y manejas muy bien el mundo interior; quizá demasiado adjetivada para mi gusto, pero no me hagas caso; te he marcado algunas fallitas y una redundancia, en rojo,
Muy bueno tu escrito,
un saludo cordial,
Eduardo.
 
LA PLAYA DUERME
Sentada al borde de la playa, rodeada por el bramido de las olas, me siento tan pequeña, tan poca cosa, que camaleónica, me vuelvo arena.
La brisa fugaz me toca con su soplo y arrastra mi ser hacia el ocaso. Allí, donde el sol vuelve sangrante el atardecer y su disco inmensamente anaranjado se agranda perdiéndose en el horizonte, en ese instante queda mi imaginación perdida en el inmenso mar.
La noche va alfombrando la playa. Las sirenas de los barcos suenan en la distancia sus agónicas voces, anunciando su llegada al puerto… A lo lejos un perro juguetea con un palo que su amo le tira repetidas veces. En el contraluz del atardecer las dos figuras se difuminan.
El silencio va formando parte del paisaje.
Yo me quedo fuera del paisaje y espero, no se lo que espero, pero sigo allí, esperando y la noche monótona sin colores despliega sus alas,que me envuelven e invaden con sentimientos nostálgicos.
Invisibles criaturas, me hablan al oído, de ventanas abiertas al amor, de esperanzas en el mañana, de luchas por la supervivencia, pero ya todo pasó…
Los años pasan, las ilusiones se cumplen, los sueños se realizan, las esperanzas se pierden, sólo un sentimiento perdura, el miedo, miedo a perderlo todo, miedo a un nuevo amor, miedo a la vida, miedo a la muerte, miedo a la soledad, miedo al miedo.
Oigo el viento pasar y callan mis pensamientos. Perezosamente me levanto, hundo mis pies en la mojada arena y camino. Queda sola la playa, el mar calmado se adormece, se vuelve plateado por la luna, que lo arrulla con nanas de sombras, las luces del pequeño pueblo fulguran como reclamo de la noche que empieza, las miro a hurtadillas, y hacia ellas camino dejando atrás la playa.
Silencio, silencio, la playa duerme…

(Es lo primero que escribo en prosa, me gustaría que me dierais vuestra opinión.)

Carmen, a mí megusta más así. Revísalo de nuevo. Me encanta.
 
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