prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Nunca le ha dolido a la piedra
tener otras identidades que las que surgen de su propia naturaleza.
Ser cruz y así prestar un nombre
fue una de sus satisfacciones
pero para eso tuvo que esperar a veces ochenta años.
¿Y mientras tanto, qué?
Estaba al fondo de un río, como una de las tantas.
Llegaban las merluzas temblorosas a rosar su espalda
y los niños miraban su color verde entre sombras negras,
decían que ese pez tenía sueño porque no se movía...
Poco a poco quedó sola entre la arena,
a todas, excepto a ella, se las llevó la corriente.
La piedra punzante quiso salir del agua
para no ser capricho de la inmovilidad,
para no herir más los pies de la gente
y nunca supo que era la punta de una montaña
oculta, extendida hacia el interior,
que era como el amor que todos llevamos dentro
cuando solo dejamos a la vista lo que hace doler.
tener otras identidades que las que surgen de su propia naturaleza.
Ser cruz y así prestar un nombre
fue una de sus satisfacciones
pero para eso tuvo que esperar a veces ochenta años.
¿Y mientras tanto, qué?
Estaba al fondo de un río, como una de las tantas.
Llegaban las merluzas temblorosas a rosar su espalda
y los niños miraban su color verde entre sombras negras,
decían que ese pez tenía sueño porque no se movía...
Poco a poco quedó sola entre la arena,
a todas, excepto a ella, se las llevó la corriente.
La piedra punzante quiso salir del agua
para no ser capricho de la inmovilidad,
para no herir más los pies de la gente
y nunca supo que era la punta de una montaña
oculta, extendida hacia el interior,
que era como el amor que todos llevamos dentro
cuando solo dejamos a la vista lo que hace doler.
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