Paolo Luna
Poeta adicto al portal
Va la pequeña y dulce princesa,
llena de lujos en sus vestidos,
una corona va en su cabeza,
hecha de tela pieza por pieza,
con los colores bien escogidos
y a la medida con gran certeza.
Tantos adornos cubren sus ropas,
varias son manchas de chocolate,
manchas de frutas y otras de sopas,
muy respetada frente a sus tropas,
todas dispuestas para el combate
contra pocillos, vasos y copas.
Ya decidida a dar la batalla,
toma en su mano un jugo de fresa,
mira a los lados, piensa y se calla,
llanto prepara, (es plan por si falla),
en su cuartel de bajo la mesa
y en su inocencia pasa la raya.
Rey con su reina no están presentes
y en su triciclo sale tranquila
con sus aliados más obedientes;
voltea su carro así de repente,
jugo de fresa el vaso destila,
y le ha mojado desde la frente.
Llanto con ira de la princesa
y su carruaje yace de lado.
Se le ha regado el jugo de fresa
en los vestidos y en la cabeza;
la princesa llora de enfado
y la batalla no le interesa.
Duerme tranquila, tú princesita,
reyes felices mecen tu cuna,
con tu tetero y tu conejita.
Tú y tus juguetes cumplen la cita,
que concertaste ayer con la luna,
niña inocente, tierna y bendita.
llena de lujos en sus vestidos,
una corona va en su cabeza,
hecha de tela pieza por pieza,
con los colores bien escogidos
y a la medida con gran certeza.
Tantos adornos cubren sus ropas,
varias son manchas de chocolate,
manchas de frutas y otras de sopas,
muy respetada frente a sus tropas,
todas dispuestas para el combate
contra pocillos, vasos y copas.
Ya decidida a dar la batalla,
toma en su mano un jugo de fresa,
mira a los lados, piensa y se calla,
llanto prepara, (es plan por si falla),
en su cuartel de bajo la mesa
y en su inocencia pasa la raya.
Rey con su reina no están presentes
y en su triciclo sale tranquila
con sus aliados más obedientes;
voltea su carro así de repente,
jugo de fresa el vaso destila,
y le ha mojado desde la frente.
Llanto con ira de la princesa
y su carruaje yace de lado.
Se le ha regado el jugo de fresa
en los vestidos y en la cabeza;
la princesa llora de enfado
y la batalla no le interesa.
Duerme tranquila, tú princesita,
reyes felices mecen tu cuna,
con tu tetero y tu conejita.
Tú y tus juguetes cumplen la cita,
que concertaste ayer con la luna,
niña inocente, tierna y bendita.