La niña llora y llora.
Su pelota roja
se le ha caído a la ría.
No llores mi vida,
la cogeremos,
le decía su mamá,
pero la pequeña
no tenía consuelo.
Hablaremos con el barquero
y él, casi seguro,
nos la traerá,
dijo su mamá.
Bajaron al muelle,
hablaron con el barquero
y él les dijo:
si no hoy, mañana,
tendrás tu pelota.
A la tarde , la chiquilla
insistía una y otra vez,
en ir a visitar al barquero.
Llegaron al muelle,
el señor no estaba,
se encontraba en la otra orilla.
Cuando llegó a la orilla
donde estaba la niña,
el barquero dijo;
tengo la pelota,
pero tiene un precio;
la niña puso un puchero
y le dijo a su mamá,
¿lo podré pagar?.
Su madre sonriendo dijo,
preguntaselo al barquero.
Señor, preguntó la niña,
¿cual es su precio?
un beso, preciosa,
dijo el barquero.
Su pelota roja
se le ha caído a la ría.
No llores mi vida,
la cogeremos,
le decía su mamá,
pero la pequeña
no tenía consuelo.
Hablaremos con el barquero
y él, casi seguro,
nos la traerá,
dijo su mamá.
Bajaron al muelle,
hablaron con el barquero
y él les dijo:
si no hoy, mañana,
tendrás tu pelota.
A la tarde , la chiquilla
insistía una y otra vez,
en ir a visitar al barquero.
Llegaron al muelle,
el señor no estaba,
se encontraba en la otra orilla.
Cuando llegó a la orilla
donde estaba la niña,
el barquero dijo;
tengo la pelota,
pero tiene un precio;
la niña puso un puchero
y le dijo a su mamá,
¿lo podré pagar?.
Su madre sonriendo dijo,
preguntaselo al barquero.
Señor, preguntó la niña,
¿cual es su precio?
un beso, preciosa,
dijo el barquero.