Paco Valadez
Poeta adicto al portal
La partida
Paco Valadez - 09.08.10
El día es gris y triste, las piedras y las flores son testigos mudos de esa carroza que lleva un cuerpo inerte y sin vida, ahí va la triste compañía con lagrimas en los ojos y con el cansancio de unas horas tan inciertas para una perdida irreparable, una vez mas la gente lanza gritos y se derrumba ante una cruel y despiadada partida, sin pensar que no es un adiós si no un hasta pronto, solo fue a un lugar adelantándose para seguir con la vida en un paso mas por ahí, donde reunida con la familia va; sus abuelos, padres, hermanos, tíos y amigos le están esperando para recibirle con los brazos abiertos y no dejarle desamparada, ahí va, esa carroza fúnebre, con el paso lento y quien le ven dan muestra de ese partir.
Ahí va esa carroza, llena de solemnidad y tristeza, recorriendo las calles, entre ruido y coches, gente y animales, quienes son simples observadores de una tristeza que acompaña a los dolientes, ahí va, un último recorrido y un último adiós, antes de llegar a su último destino, donde ahí estará para el resto de nuestros días, de quienes le conocimos. Ahí va, ahí va, adiós señora nuestra, adiós querida soñadora, adiós; adiós, adiós.
Paco Valadez - 09.08.10
El día es gris y triste, las piedras y las flores son testigos mudos de esa carroza que lleva un cuerpo inerte y sin vida, ahí va la triste compañía con lagrimas en los ojos y con el cansancio de unas horas tan inciertas para una perdida irreparable, una vez mas la gente lanza gritos y se derrumba ante una cruel y despiadada partida, sin pensar que no es un adiós si no un hasta pronto, solo fue a un lugar adelantándose para seguir con la vida en un paso mas por ahí, donde reunida con la familia va; sus abuelos, padres, hermanos, tíos y amigos le están esperando para recibirle con los brazos abiertos y no dejarle desamparada, ahí va, esa carroza fúnebre, con el paso lento y quien le ven dan muestra de ese partir.
Ahí va esa carroza, llena de solemnidad y tristeza, recorriendo las calles, entre ruido y coches, gente y animales, quienes son simples observadores de una tristeza que acompaña a los dolientes, ahí va, un último recorrido y un último adiós, antes de llegar a su último destino, donde ahí estará para el resto de nuestros días, de quienes le conocimos. Ahí va, ahí va, adiós señora nuestra, adiós querida soñadora, adiós; adiós, adiós.