solano b
Poeta recién llegado
Era una mujer de alas gordas y enjuto talle
la que miraba hacia la calle
en pleno día de tinieblas
como queriendo volar.
Parecía joven y adorable,
con una sonrisa de oro
en cada dedal de sus ojos.
Las vecinas hablaban de ella muy a menudo,
les irritaba su graciosa nitidez,
la soltura de sus labios
cuando regresaban los hombres del trabajo,
el pecho henchido como una paloma
y sus largas piernas
queriendo danzar con el viento.
La saludaban a regañadientes,
la miraban de reojo,
le torcían el pescuezo en sueños,
le arrojaban desperdicios a su jardín
tan verde en verano como en invierno.
¡Quizás cuántas veces rezaron para que se fuera
con la bandada de aves
que cruzaba el vecindario,
o la caravana de artistas itinerantes
que llegaba al pueblo!
Pero ella continuaba erguida y soberbia
como si tuviera raíces
en lo profundo de la tierra.
Con sus sonrisitas mañana y noche,
con sus miradas por la ventana,
con sus paseos por el jardín
alimentando sus gordas alas.
la que miraba hacia la calle
en pleno día de tinieblas
como queriendo volar.
Parecía joven y adorable,
con una sonrisa de oro
en cada dedal de sus ojos.
Las vecinas hablaban de ella muy a menudo,
les irritaba su graciosa nitidez,
la soltura de sus labios
cuando regresaban los hombres del trabajo,
el pecho henchido como una paloma
y sus largas piernas
queriendo danzar con el viento.
La saludaban a regañadientes,
la miraban de reojo,
le torcían el pescuezo en sueños,
le arrojaban desperdicios a su jardín
tan verde en verano como en invierno.
¡Quizás cuántas veces rezaron para que se fuera
con la bandada de aves
que cruzaba el vecindario,
o la caravana de artistas itinerantes
que llegaba al pueblo!
Pero ella continuaba erguida y soberbia
como si tuviera raíces
en lo profundo de la tierra.
Con sus sonrisitas mañana y noche,
con sus miradas por la ventana,
con sus paseos por el jardín
alimentando sus gordas alas.