danie
solo un pensamiento...
En los recónditos legados etimológicos de los griegos,
se oyen las mentes fluir por la iluminación erudita.
Crátilo y su porfiado esmero presocrático:
¡el que conoce los nombres conoce también las cosas!,
y fue Hermógenes quien se lo regañó:
¡los nombres no expresan la esencia de las cosas,
y pueden reemplazarse por otros
si los que emplean la palabra así lo acuerdan!
Ya Sócrates ofuscado intervino:
¡de hecho, de tanto darle la vuelta a los nombres
a diestro y siniestro, no sería en absoluto
de extrañar que nuestra lengua antigua, frente a la actual,
no se diferenciara en nada de la bárbara...!
Es absoluto el pensamiento intrínseco y polémico
del coloquio platónico,
envuelta en los paños emergentes del paradigma filantrópico
que esconde el crótalo del credo en la esencia del dogma,
que quema por el cáliz de fuego en la yerma
del ámbito de la civilización desarraigada
¿Su destacado? ¡Está en la palabra!
Esa simbología rala y culta, esos epigramas ancestrales
que no dejan descansar a la historia
envuelta en pergaminos manchados con sangre.
En las letras del rosetón se empañan los tintes escarlatas
y el Nilo derrama sangre étnica de sus entrañas.
Fue cuando Moisés y sus tablas talladas
nos albergaron con la palabra y sus potestades,
tótems inmolados y fecundos por el pensamiento humano,
ofrendados por el litigio de las consonantes y vocales,
ofrendados por el litigio de las consonantes y vocales,
estas vaticinadas en sus letras:
habrá un terrorífico nombre escrito
atributo de los hijos de la omnipotencia,
atributo de los hijos de la omnipotencia,
guardianes de los símbolos y figuras eclesiales.
¡Gárgolas del mañana!
Que protegen la luz de las catedrales,
custodiando el albor de la gnosis,
producto del flujo hereje y dictamen de griegos y romanos.
¡Linaje del padecimiento de ese pobre desdichado!
¡No es Nostradamus quien lo profetizó
simplemente fue el hombre con sus proezas inmorales!
Somos solo palabras amontonadas por el viento
en la cúspide de la cumbre bordeando el abismo
de nuestras propios pesares y hazañas.
The pen is mightier than the sword de Edward Bulwer Lytton,
en su tópico literario que bien explica
¡La pluma es más poderosa que la espada!
Pero el fin no justifica a los medios,
y si es mal empleada
derroca naciones degradando al hombre
con su tinta y su simple estampa.
Simbología inescrutable que remueven los residuos de humanidad,
desde tiempos lejanos empleando la razón en su vocablo,
satisfaciendo,
no los designios de Dios sino de Satán
no los designios de Dios sino de Satán
y su legión de gigantes nefilims.
Artífices del engaño empleando
simplemente la iconografía y la palabra…
simplemente la iconografía y la palabra…
Basado en la obra de Jorge Luis Borges
El golem
Que la plasmo a continuación
El golem
Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de 'rosa' está la rosa
y todo el Nilo en la palabra 'Nilo'.
Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.
Adán y las estrellas lo supieron
en el Jardín. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.
Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.
No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.
Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,
la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de las Letras, del Tiempo y del Espacio.
El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.
Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.
(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.)
El rabí le explicaba el universo
"esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga."
y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.
Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.
Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.
Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
pero, a través del tiempo, lo adivino.)
Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.
El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. '¿Cómo' (se dijo)
'pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?'
'¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?'
En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?
Jorge Luis Borges
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