Salvadora de los mundos que han muerto en los relojes.
Patria del tiempo, porque a ti vuelve el resplandor del pasado
con su sol de tinta negra sobre un lienzo virgen.
Fábula de múltiples ramas que deshojan en el aire de un poema
los equilibrios de un sentir único, una visión coloreada por el ardid
de enlazar las horas vividas con los sueños, el arte del susurro
con el grito de la denuncia, el corazón del poeta
con la verdad que lo subyuga.
La palabra es como una flor eternamente joven
en las manos de un niño que construye jardines de ilusión
con pétalos que hilan pensamiento y ser,
la materia con el discurso que recrea lo nunca ido,
la virtud con el sucio devenir de los días que sepultan aquella luz
que un día fue luz de infancia, la esperanza con la cicatriz de la herida
que cada cual reescribe, una y otra vez, sobre el mismo papel, aunque le pese.
Patria del tiempo, porque a ti vuelve el resplandor del pasado
con su sol de tinta negra sobre un lienzo virgen.
Fábula de múltiples ramas que deshojan en el aire de un poema
los equilibrios de un sentir único, una visión coloreada por el ardid
de enlazar las horas vividas con los sueños, el arte del susurro
con el grito de la denuncia, el corazón del poeta
con la verdad que lo subyuga.
La palabra es como una flor eternamente joven
en las manos de un niño que construye jardines de ilusión
con pétalos que hilan pensamiento y ser,
la materia con el discurso que recrea lo nunca ido,
la virtud con el sucio devenir de los días que sepultan aquella luz
que un día fue luz de infancia, la esperanza con la cicatriz de la herida
que cada cual reescribe, una y otra vez, sobre el mismo papel, aunque le pese.
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