thequietdeath
Poeta recién llegado
El sueño acapara mi mente perturbada,
no es que la extrañe, no es que la quiera,
pero aún ronda mi camino, atrás, oculta,
se desliza entre la sombra de mi conciencia.
Aun no comprendo la razón de su ausencia,
simplemente cuando quise abrazarla,
cuando intente refugiarme en ella,
nada, solo la nada encontré eterna.
¿Se fue acaso cuando el amor llegó?
Quizá no deseaba interrumpir mi felicidad,
o, más bien que fui yo quien la olvido,
la deje envuelta en la luz de la eternidad.
No es que la extrañe, pero la echo de menos,
inconsciente, proclama su derecho a existir,
a resurgir de entre los abismos olvidada,
y, me embriaga, me seduce, me reconforta.
Me abandono a ella, no porque la quiera,
pero esa fuerza poderosa me invade,
me abraza y me arrulla entre sus brazos
para dormirme en la oscuridad de su regazo.
Reclama lo que le pertenece, lo que le quitaron
y me llama, en sueños insistentes me llama,
en el punto de quiebre, en la fuga de identidad,
cuando la chispa no arde, cuando soy solo yo.
Le abro el corazón, la dejo entrar en mi mente,
me posee, delirante, irreverente, deliciosamente,
y me abandono a ella, a su eterna penumbra,
a ella, que me abraza, que me acompaña
como una madre con su pequeño hijo, me cobija.
No es que la extrañe, no es que la quiera,
es simplemente en esencia, una parte quieta
de mi alma inquieta, un ente constante
que me equilibra de la luz sofocante.
El lado humano de esta criatura errante,
mi yo maligno, mi yo oscuro, mi yo amante,
aquel al que a la luna llora constante
y en la oscuridad encuentra las letras
que desplazan el veneno fulminante.
Soy la Muerte silenciosa,
soy el ángel de la muerte,
soy la ausencia de luz materna,
soy la oscuridad eterna.
no es que la extrañe, no es que la quiera,
pero aún ronda mi camino, atrás, oculta,
se desliza entre la sombra de mi conciencia.
Aun no comprendo la razón de su ausencia,
simplemente cuando quise abrazarla,
cuando intente refugiarme en ella,
nada, solo la nada encontré eterna.
¿Se fue acaso cuando el amor llegó?
Quizá no deseaba interrumpir mi felicidad,
o, más bien que fui yo quien la olvido,
la deje envuelta en la luz de la eternidad.
No es que la extrañe, pero la echo de menos,
inconsciente, proclama su derecho a existir,
a resurgir de entre los abismos olvidada,
y, me embriaga, me seduce, me reconforta.
Me abandono a ella, no porque la quiera,
pero esa fuerza poderosa me invade,
me abraza y me arrulla entre sus brazos
para dormirme en la oscuridad de su regazo.
Reclama lo que le pertenece, lo que le quitaron
y me llama, en sueños insistentes me llama,
en el punto de quiebre, en la fuga de identidad,
cuando la chispa no arde, cuando soy solo yo.
Le abro el corazón, la dejo entrar en mi mente,
me posee, delirante, irreverente, deliciosamente,
y me abandono a ella, a su eterna penumbra,
a ella, que me abraza, que me acompaña
como una madre con su pequeño hijo, me cobija.
No es que la extrañe, no es que la quiera,
es simplemente en esencia, una parte quieta
de mi alma inquieta, un ente constante
que me equilibra de la luz sofocante.
El lado humano de esta criatura errante,
mi yo maligno, mi yo oscuro, mi yo amante,
aquel al que a la luna llora constante
y en la oscuridad encuentra las letras
que desplazan el veneno fulminante.
Soy la Muerte silenciosa,
soy el ángel de la muerte,
soy la ausencia de luz materna,
soy la oscuridad eterna.