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La orilla izquierda del océano

Chema Ysmer

Poeta que considera el portal su segunda casa


La orilla izquierda del océano

recolecta flores para los muertos

de ninguna guerra,

náufragos en el fondo de unas aguas quietas

perdidos en la esperanza de su ser en vida.

Sólo la orilla izquierda, que conoce del trágico pasado

hace acopios del silencio.

Sin ser los dioses, nosotros,

que apacigüen la tormenta desatada

de las velas que no pueden

liberar su paraíso:

de palomas blancas,

acordeones tristes

tristes calaveras, sin aspas en los ojos.

La orilla izquierda es la frontera

donde la verdad que duele se detiene,

poco más que arena bajo los pies que pisan,

mancha de sangre sin borrarse

por más que regresen las olas a su grito.

 
Sin ser los dioses, nosotros,

que apacigüen la tormenta desatada

de las velas que no pueden

liberar su paraíso:

de palomas blancas,

acordeones tristes

tristes calaveras, sin aspas en los ojos

Sabes AMADO tenemos que ser honestos porque muchas veces somos nosotros mismos que causamos esas tormentas, sea por lo que sea. Nos movemos en esas aguas turbías que no solo causan estragos en nosotros sino en los que nos rodean. Encantada de dejar mi huella en tus versos que siempre gustan,

Besos olor a jazmín,
 
Sabes AMADO tenemos que ser honestos porque muchas veces somos nosotros mismos que causamos esas tormentas, sea por lo que sea. Nos movemos en esas aguas turbías que no solo causan estragos en nosotros sino en los que nos rodean. Encantada de dejar mi huella en tus versos que siempre gustan,

Besos olor a jazmín,
Está claro que muchas veces sólo pensamos en nuestro bien estar que por desgracia muchas veces se asienta sobre el mal estar de otros.
Besos amor y siempre más.
 

La orilla izquierda del océano

recolecta flores para los muertos

de ninguna guerra,

náufragos en el fondo de unas aguas quietas

perdidos en la esperanza de su ser en vida.

Sólo la orilla izquierda, que conoce del trágico pasado

hace acopios del silencio.

Sin ser los dioses, nosotros,

que apacigüen la tormenta desatada

de las velas que no pueden

liberar su paraíso:

de palomas blancas,

acordeones tristes

tristes calaveras, sin aspas en los ojos.

La orilla izquierda es la frontera

donde la verdad que duele se detiene,

poco más que arena bajo los pies que pisan,

mancha de sangre sin borrarse

por más que regresen las olas a su grito.

Profundas, profundas y duelen al leerlas
Bellas
Un besazo
 
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