prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Estoy debajo de un esqueleto metalico,
una especie de poliedro más ancho que los trenes que descarrilan,
esperando que el azar suelte sus comodidades
y un color de libélula muerta se cierne desde mi alma
hacia las cosas,
por mi espalda quemada los innumerables pies del segundo
hacen su trabajo de hormiga y de mujer,
la histeria parece que ha repartido sus vértebras
como se reparten los cubos de hielo en pasillos de hospital
como decía estoy debajo de una cúpula enredada
y caen los cascos de plomo,
la tarde no tiene la ligereza del ahora, alarga su mano como un soldado
de un hueco a otro hueco entre ruido de hélices
para pedir tabaco prestado
es seco, es muy seco, dice
y entre los dos buscamos la saliva de los ciervos;
la tarde arranca de mi espalda algunas monedas rojas.
Estas cosas que suspiro
empiezan a crear un reino de asma
qué suerte que el pensamiento está al borde de los cementerios
donde los pinos huelen a formol
y una niña sin ropa sale del rostro de la pobreza
y asciende hacia el corazón de los nueces, canta para que el día no muera.
una especie de poliedro más ancho que los trenes que descarrilan,
esperando que el azar suelte sus comodidades
y un color de libélula muerta se cierne desde mi alma
hacia las cosas,
por mi espalda quemada los innumerables pies del segundo
hacen su trabajo de hormiga y de mujer,
la histeria parece que ha repartido sus vértebras
como se reparten los cubos de hielo en pasillos de hospital
como decía estoy debajo de una cúpula enredada
y caen los cascos de plomo,
la tarde no tiene la ligereza del ahora, alarga su mano como un soldado
de un hueco a otro hueco entre ruido de hélices
para pedir tabaco prestado
es seco, es muy seco, dice
y entre los dos buscamos la saliva de los ciervos;
la tarde arranca de mi espalda algunas monedas rojas.
Estas cosas que suspiro
empiezan a crear un reino de asma
qué suerte que el pensamiento está al borde de los cementerios
donde los pinos huelen a formol
y una niña sin ropa sale del rostro de la pobreza
y asciende hacia el corazón de los nueces, canta para que el día no muera.