Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
LA NIÑA DEL CEMENTERIO.
Se escucha la campana de un colegio
son las cinco menos cuarto de la tarde,
faltan quince minutos para que obre el milagro
de convertirse un cementerio insípido,
en un verdadero rincón literario.
Se abre sola la reja, se escapa un chirriar,
ya se acerca por el camino de barro,
la niña que entre silencios y carreras
da las buenas tardes a los nichos entreabiertos.
Se sienta en un banco de mármol desgastado
saca un rosario de cuencas de huesos,
que deshace con sus manos
separando una a una con cuidado,
para jugar a las tabas en una lapida.
Siente el aire frío que sale
de las puertas abiertas de los panteones,
aparta su flequillo de la cara y presionado
lo deja entre su sien y su oreja derecha,
mira descarada a los Ángeles de las vidrieras
que se hacen los disimulados.
a los lados de las puertas.
Después empieza a leer en alto a Poe
para que los muertos enterrados y aburridos,
tengan un momento diferente y divertido
pegando sus calaveras o lo que queda de ellas,
al acolchado de sus féretros
para no perder nada de su relato.
El tiempo también se para
se sienta en las cruces de las tumbas,
con los pies descalzos y en silencio
dejando que los segundos,
formen parte de un cuadro inmóvil, en una escena,
llena de grises con oídos a los lados.
Al tiempo lo reclama la vida y la muerte,
a los muertos los gusanos y el polvo,
los sepultureros cerraron las puertas,
cayeron los años sobre ella y la obligaron,
a no merendar galletas sentada en una tumba,
a dejar sin relatos y grises al paisaje
y a la desconsolada reja de la entrada
llorando sin, La niña del cementerio.
(Basado en un hecho real. Ahora la niña es una extraordinaria mujer)
Se escucha la campana de un colegio
son las cinco menos cuarto de la tarde,
faltan quince minutos para que obre el milagro
de convertirse un cementerio insípido,
en un verdadero rincón literario.
Se abre sola la reja, se escapa un chirriar,
ya se acerca por el camino de barro,
la niña que entre silencios y carreras
da las buenas tardes a los nichos entreabiertos.
Se sienta en un banco de mármol desgastado
saca un rosario de cuencas de huesos,
que deshace con sus manos
separando una a una con cuidado,
para jugar a las tabas en una lapida.
Siente el aire frío que sale
de las puertas abiertas de los panteones,
aparta su flequillo de la cara y presionado
lo deja entre su sien y su oreja derecha,
mira descarada a los Ángeles de las vidrieras
que se hacen los disimulados.
a los lados de las puertas.
Después empieza a leer en alto a Poe
para que los muertos enterrados y aburridos,
tengan un momento diferente y divertido
pegando sus calaveras o lo que queda de ellas,
al acolchado de sus féretros
para no perder nada de su relato.
El tiempo también se para
se sienta en las cruces de las tumbas,
con los pies descalzos y en silencio
dejando que los segundos,
formen parte de un cuadro inmóvil, en una escena,
llena de grises con oídos a los lados.
Al tiempo lo reclama la vida y la muerte,
a los muertos los gusanos y el polvo,
los sepultureros cerraron las puertas,
cayeron los años sobre ella y la obligaron,
a no merendar galletas sentada en una tumba,
a dejar sin relatos y grises al paisaje
y a la desconsolada reja de la entrada
llorando sin, La niña del cementerio.
(Basado en un hecho real. Ahora la niña es una extraordinaria mujer)