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La nena y el mar

Me alegra mucho ver tu poema con esa medallita, la nena se la merece ( y tú también), seguro que ahora se pone un poco mas contenta:)
¡Muchas felicidades, Javier!
Un abrazo,
Eva
La nena está como unas castañuelas, haciendo castillos sin parar..... y yo no hago nada pero también estoy como unas castañuelas (tacatacataca....) :D;)
Gracias de nuevo, Eva, (tacatacatacataca....)
Abrazos
Javier
 
La verdad es que apenas editaste te dieron ese reconocimiento, gracias al cual pude leerte.
He visto eso que cuentas de la Gomera, la ola que apenas le das la espalda lo invade todo, alguna me ha cogido de sorpresa saliendo del agua.
Los niños y sus castillos de arena, esa complicidad con los padres.
Eres un poeta infantil creativo e ingenioso, y de una excepcional ternura. Bella estampa la que narras. Javier
Un abrazo grande,
Isabel
Acabo de regresar tras más de un mes de vacaciones, Isa, y me estoy poniendo al día.
Recibo con mucha alegría (y prudencia) tus halagos porque sé que lo dices con el corazón. Te lo agradezco.
Aquí, en Fuerteventura, no he visto que se produzcan de repente ese tipo de ola intempestiva, supongo que por la profundidad de sus costas. En la Gomera era divertido, ya que no había peligro, observar a quien iba a pillar desprevenido mientras tomaba el sol o, como el caso de la niña, jugaba con la arena cerca del mar.
Gracias de nuevo por tu aliento.
Abrazos.
Javi
 
"La nena y el mar"

Juega en la playa la nena
con la palita, el pozal,
con papi, que sabe a sal,

y su castillo de arena.


A bandidos desafía
cuando el mar besa su tul,
y ambos presumen, de azul,
a la luz del mediodía.

Con los pies ya embadurnados
salva el castillo la nena,
carita de luna llena,
del asalto de malvados.

Testarudo, el mar regresa
con su deslizante manto
y causa feroz espanto
a la sirena traviesa.

El castillo es una pena,
sus ojos de terciopelo
se han nublado por un velo…
¡no llores nena, mi reina!

Con la pala y su pozal,
juega de nuevo la nena,
y hace un castillo de arena

con papi, que sabe a sal.





Un paseo por la memoria de la infancia de los hijos y la propia, ese ritual hermoso del castillo de arena construido en familia, viendo como transcurren los días tranquilos del verano.
Fue un gusto pasar por tus versos.
Un abrazo y muy feliz semana.
 
Un paseo por la memoria de la infancia de los hijos y la propia, ese ritual hermoso del castillo de arena construido en familia, viendo como transcurren los días tranquilos del verano.
Fue un gusto pasar por tus versos.
Un abrazo y muy feliz semana.
Muchas gracias por tu comentario, Cecy, un placer tu visita.
Espero que disfrutes de una buena despedida de mes y un inspirado septiembre.
Un abrazo.
Javier
 
"La nena y el mar"

Juega en la playa la nena
con la palita, el pozal,
con papi, que sabe a sal,

y su castillo de arena.


A bandidos desafía
cuando el mar besa su tul,
y ambos presumen, de azul,
a la luz del mediodía.

Con los pies ya embadurnados
salva el castillo la nena,
carita de luna llena,
del asalto de malvados.

Testarudo, el mar regresa
con su deslizante manto
y causa feroz espanto
a la sirena traviesa.

El castillo es una pena,
sus ojos de terciopelo
se han nublado por un velo…
¡no llores nena, mi reina!

Con la pala y su pozal,
juega de nuevo la nena,
y hace un castillo de arena

con papi, que sabe a sal.




Me gusta mucho el toque infantil en tu poesía. Retrotrae a los tiempos de la infancia cuando jugar era la más feliz de las ocupaciones.
Versos llenos de belleza y de dulzura.
Un fuerte abrazo.
 
Me gusta mucho el toque infantil en tu poesía. Retrotrae a los tiempos de la infancia cuando jugar era la más feliz de las ocupaciones.
Versos llenos de belleza y de dulzura.
Un fuerte abrazo.
Exacto, Luis, esa era la ocupación, lo demás eran obstáculos a ese "trabajo".
No sé si te pasará a ti, pero a mi me cuesta pensar que todos, pero todos, hayan sido alguna vez un niño. ¿Dónde lo han dejado? Cuestión de supervivencia, supongo, pero vaya existencia triste sin él por mucho que consigan.

Nada, que me ha dado por la vena filosófica .
Gracias por visitarme, Luis, recibe un infantil abrazo.
Javier.
 
"La nena y el mar"

Juega en la playa la nena
con la palita, el pozal,
con papi, que sabe a sal,

y su castillo de arena.


A bandidos desafía
cuando el mar besa su tul,
y ambos presumen, de azul,
a la luz del mediodía.

Con los pies ya embadurnados
salva el castillo la nena,
carita de luna llena,
del asalto de malvados.

Testarudo, el mar regresa
con su deslizante manto
y causa feroz espanto
a la sirena traviesa.

El castillo es una pena,
sus ojos de terciopelo
se han nublado por un velo…
¡no llores nena, mi reina!

Con la pala y su pozal,
juega de nuevo la nena,
y hace un castillo de arena

con papi, que sabe a sal.




Has traído de una manera preciosa un instante que parece de lo más simple y cotidiano. Precioso tu poemita. Como verás ando escarbando entre tus papeles.
Un abrazo.
Luz
 
Has traído de una manera preciosa un instante que parece de lo más simple y cotidiano. Precioso tu poemita. Como verás ando escarbando entre tus papeles.
Un abrazo.
Luz
Pues me encanta que lo hagas, Luz, muchas gracias. :)
Esa escena me hizo muchísima gracia en su momento y decidí reflejarla.... aún la tengo grabada en mi retina y sonrío de vez en cuando al recordarla.
Un abrazo.
Javier.
 
"La nena y el mar"

Juega en la playa la nena
con la palita, el pozal,
con papi, que sabe a sal,

y su castillo de arena.


A bandidos desafía
cuando el mar besa su tul,
y ambos presumen, de azul,
a la luz del mediodía.

Con los pies ya embadurnados
salva el castillo la nena,
carita de luna llena,
del asalto de malvados.

Testarudo, el mar regresa
con su deslizante manto
y causa feroz espanto
a la sirena traviesa.

El castillo es una pena,
sus ojos de terciopelo
se han nublado por un velo…
¡no llores nena, mi reina!

Con la pala y su pozal,
juega de nuevo la nena,
y hace un castillo de arena

con papi, que sabe a sal.




Un bello poema pleno de entrega amorosa y en ese espacio, el mar que con solemnidad es
capaz de concentrar esos momentos felicices. me ha gustado mucho.
saludos de luzyabsenta
 
Un bello poema pleno de entrega amorosa y en ese espacio, el mar que con solemnidad es
capaz de concentrar esos momentos felicices. me ha gustado mucho.
saludos de luzyabsenta
Gracias por tu vista y grato comentario, luzyabsenta..... aunque lo de momentos felices habría que preguntárselo a la niña, menudo berrinche cogió cuando el mar tiró su castillo. :confused:
Pero bueno, ya sabemos que se les pasa enseguida, como fue el caso. :)
Un abrazo.
Javier
 
Que tierno y encantador, parece que hables de tu propia hija.
Me gustó mucho el punto de vista.
Un abrazo.
No, qué va, esa escena fue en una playa de La Gomera y los protagonistas eran ingleses. Yo estaba muy cerca y, a pesar de la "desgracia", no podía evitar sonreír por la cara que ponía la niña, que era todo un poema, antes de hacer unos pucheros y ponerse a llorar.
Pero ya sabes que no hay mal que mil años dure, y menos para un crío.
Muchas gracias por tu visita, Modest, un abrazo.
Javier
 
"La nena y el mar"

Juega en la playa la nena
con la palita, el pozal,
con papi, que sabe a sal,

y su castillo de arena.


A bandidos desafía
cuando el mar besa su tul;
ambos presumen de azul
a la luz del mediodía.

Con los pies embadurnados
salva el castillo la nena,
carita de luna llena,
del asalto de malvados.

Testarudo, el mar regresa
con su deslizante manto
y causa feroz espanto
a la sirena traviesa.

El castillo es una pena,
sus ojos de terciopelo
se han nublado por un velo…
¡no llores nena, mi reina!

Con la pala y el pozal
juega de nuevo la nena,
y hace un castillo de arena

con papi, que sabe a sal.




Seguro que todos los papás pasamos por eso. Un abrazo, Javier.
 
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