scarlata
Poeta veterano en el portal.
La mujer que soy
no tienes espinas
ni daños ocultos.
Sangra cuando la rozan
pero cura sus heridas y
reemprende el camino.
A la mujer que soy
le tocó aprender.
Pero no renunció a sus sueños.
Y, detrás de sus instantes
de desaliento,
se le enmarañan
de nuevo las ganas
y, de un salto,
las muerde
y se hace con ellas.
La mujer que soy,
a veces,
llora a escondidas
pero también ríe
y dibuja disparates
en las rendijas de su vida
y de otras vidas...
Se equivoca,
duda,
pierde el aliento
pero arde
si la miran por dentro.
La mujer que soy
afronta las tormentas,
ama de verdad,
con amor de lunas plenas.
Pero también desespera,
y algunas madrugadas,
se inquieta,
y se derrama en lágrimas,
se ausenta...
Y pierde las batallas.
no tienes espinas
ni daños ocultos.
Sangra cuando la rozan
pero cura sus heridas y
reemprende el camino.
A la mujer que soy
le tocó aprender.
Pero no renunció a sus sueños.
Y, detrás de sus instantes
de desaliento,
se le enmarañan
de nuevo las ganas
y, de un salto,
las muerde
y se hace con ellas.
La mujer que soy,
a veces,
llora a escondidas
pero también ríe
y dibuja disparates
en las rendijas de su vida
y de otras vidas...
Se equivoca,
duda,
pierde el aliento
pero arde
si la miran por dentro.
La mujer que soy
afronta las tormentas,
ama de verdad,
con amor de lunas plenas.
Pero también desespera,
y algunas madrugadas,
se inquieta,
y se derrama en lágrimas,
se ausenta...
Y pierde las batallas.