Cálida era la tarde
De un mayo de cielos claros
Y tranquilos,
Cuando el jardín bullía
Con el trajín de idas y venidas
De variopintos bichos e insectos.
Una mosca venerable
Suspiraba intranquila
Pues el culpable de su enojo
Era uno de sus muchos hijos.
“¿No podrá ser normal?
¿Qué se le ha metido dentro?
Te lo digo, amiga abeja,
Todo esto no tiene sentido”.
“Qué es lo que le pasa?”,
Preguntó la abeja
Mientras se posaba en una rosa
Y olfateaba su perfume
Mientras el polen libaba.
“Mírale. Ahí anda,
Revoloteando,
Buscando amor
Donde la puerta está cerrada“.
La mosca, en cuestión,
Admiraba en la distancia
A una hermosa mariposa
De alas blancas,
De pintas negras manchada.
Hacia ella se acercó
Y le habló del amor
Que por ella había surgido,
De repente en su interior.
La mariposa rió:
“ Pero, Mosca,
¿no te has fijado
En lo torpe y grotesca
Que te muestras
Para una mariposa cualquiera?.
Te falta gracia y encanto.
¡Prueba con un escarabajo!”.
Y burlándose,
Deslizándose en el aire,
Se perdió.
La mosca se entristeció,
Pero su corazón enamoradizo
Y de gusto tan extraño,
Se fijó en una figura
Que colgaba de una rama
De una encina cercana.
¡Que bella le pareció!
Tan estilizada,
Con tantas patas
Agitándose en el aire,
Pues, increíblemente,
En una araña
Sus deseos posó.
Se dirigió hacia ella
Y con dulzura le habló;
“¡Señorita,
Qué preciosa tela haces!
Tus múltiples ojos
Me maravillan;
Yo podría amarte,
Si me aceptas,
Si ves algo más
Que mi figura zumbona
Y algo torpe”.
La araña se relamió
Ante tan inocente presa
Y con sus patas le alentó
Para que se acercara
Y atraparle en su red
Ya preparada.
La incauta mosca,
Muy contenta,
Se aproximó
A la puerta de la muerte,
Pero la abeja
Junto con su madre,
Un empujón le dieron
Que le alejó
De la chasqueada araña.
“¡Mira que eres bobo, hijo!
De un pelo te ha ido.
Si no te hubiéramos vigilado
Le habrías servido a esa,
De aperitivo.
No anheles
Lo que no puedes tener;
Sólo busca una mosca ser.
Hazme caso
Como hacen tus hermanos;
Así, podrás vivir tranquilo
En este jardín,
Al menos, este verano”.
De un mayo de cielos claros
Y tranquilos,
Cuando el jardín bullía
Con el trajín de idas y venidas
De variopintos bichos e insectos.
Una mosca venerable
Suspiraba intranquila
Pues el culpable de su enojo
Era uno de sus muchos hijos.
“¿No podrá ser normal?
¿Qué se le ha metido dentro?
Te lo digo, amiga abeja,
Todo esto no tiene sentido”.
“Qué es lo que le pasa?”,
Preguntó la abeja
Mientras se posaba en una rosa
Y olfateaba su perfume
Mientras el polen libaba.
“Mírale. Ahí anda,
Revoloteando,
Buscando amor
Donde la puerta está cerrada“.
La mosca, en cuestión,
Admiraba en la distancia
A una hermosa mariposa
De alas blancas,
De pintas negras manchada.
Hacia ella se acercó
Y le habló del amor
Que por ella había surgido,
De repente en su interior.
La mariposa rió:
“ Pero, Mosca,
¿no te has fijado
En lo torpe y grotesca
Que te muestras
Para una mariposa cualquiera?.
Te falta gracia y encanto.
¡Prueba con un escarabajo!”.
Y burlándose,
Deslizándose en el aire,
Se perdió.
La mosca se entristeció,
Pero su corazón enamoradizo
Y de gusto tan extraño,
Se fijó en una figura
Que colgaba de una rama
De una encina cercana.
¡Que bella le pareció!
Tan estilizada,
Con tantas patas
Agitándose en el aire,
Pues, increíblemente,
En una araña
Sus deseos posó.
Se dirigió hacia ella
Y con dulzura le habló;
“¡Señorita,
Qué preciosa tela haces!
Tus múltiples ojos
Me maravillan;
Yo podría amarte,
Si me aceptas,
Si ves algo más
Que mi figura zumbona
Y algo torpe”.
La araña se relamió
Ante tan inocente presa
Y con sus patas le alentó
Para que se acercara
Y atraparle en su red
Ya preparada.
La incauta mosca,
Muy contenta,
Se aproximó
A la puerta de la muerte,
Pero la abeja
Junto con su madre,
Un empujón le dieron
Que le alejó
De la chasqueada araña.
“¡Mira que eres bobo, hijo!
De un pelo te ha ido.
Si no te hubiéramos vigilado
Le habrías servido a esa,
De aperitivo.
No anheles
Lo que no puedes tener;
Sólo busca una mosca ser.
Hazme caso
Como hacen tus hermanos;
Así, podrás vivir tranquilo
En este jardín,
Al menos, este verano”.