poetakabik
Poeta veterano en el portal
Hay un momento,
entre la juventud que arde
y la vejez que calla,
en que el ser humano se descubre a mitad del cielo.
Ni arriba ni abajo,
ni tan lleno de sueños
ni tan vencido por los días.
Solo… colgado de sí mismo,
como una pregunta que no acaba de hacerse.
Es la hora de las decisiones sin testigos,
cuando el alma, desnuda,
se mira al espejo de la vida
y apenas se reconoce.
Ha amado, ha caído,
ha perdido y ha ganado sin saberlo,
pero aún le queda dentro
una llama que no ha podido apagar.
Camina entonces sin certezas,
y eso lo vuelve más humano.
Ya no grita, observa.
Ya no corre, se detiene.
Mira a sus padres con otra mirada,
y se da cuenta de que también fueron niños.
Observa a sus hijos como si fueran sus maestros,
y se descubre aprendiz tardío de la ternura.
Comprende que el éxito es una sombra larga,
y que el fracaso a veces enseña
lo que la gloria jamás se atrevió a mostrar.
Entonces, empieza a hablar con los árboles,
con los silencios,
con la lluvia que golpea el cristal
como una vieja amiga que no ha olvidado su nombre.
La mitad del cielo no es el final.
Es el descanso.
Es la pausa donde el alma respira
antes de seguir ascendiendo hacia sí misma.
entre la juventud que arde
y la vejez que calla,
en que el ser humano se descubre a mitad del cielo.
Ni arriba ni abajo,
ni tan lleno de sueños
ni tan vencido por los días.
Solo… colgado de sí mismo,
como una pregunta que no acaba de hacerse.
Es la hora de las decisiones sin testigos,
cuando el alma, desnuda,
se mira al espejo de la vida
y apenas se reconoce.
Ha amado, ha caído,
ha perdido y ha ganado sin saberlo,
pero aún le queda dentro
una llama que no ha podido apagar.
Camina entonces sin certezas,
y eso lo vuelve más humano.
Ya no grita, observa.
Ya no corre, se detiene.
Mira a sus padres con otra mirada,
y se da cuenta de que también fueron niños.
Observa a sus hijos como si fueran sus maestros,
y se descubre aprendiz tardío de la ternura.
Comprende que el éxito es una sombra larga,
y que el fracaso a veces enseña
lo que la gloria jamás se atrevió a mostrar.
Entonces, empieza a hablar con los árboles,
con los silencios,
con la lluvia que golpea el cristal
como una vieja amiga que no ha olvidado su nombre.
La mitad del cielo no es el final.
Es el descanso.
Es la pausa donde el alma respira
antes de seguir ascendiendo hacia sí misma.