Miré de reojo su andar,
era tan feliz acompasado al de él.
Sentí una desesperante envidia apedreando a mi pecho,
sería porque su andar nunca anduvo tan feliz
o nunca estuvo acompasado al mío.
Siguió su andar,
haciendo estridente la música que oía,
esa melodía que se escapaba de la guitarra
como una tiza arrastrada con rabia en la pizarra.
Cuando te volví a mirar de reojo,
ya estabas cercana y con él,
siempre con él...
Nadie sabía de lo nuestro
eso que forjamos ocultamente,
tú no querías susurrarle al mundo lo que sentías,
y siendo injusta lo que yo sentía
porque quizá yo no quería callarlo,
pero por amor o ¿quién sabe que?
sucumbí.
Cabizbajo levanté mi cabeza con dulzura
presintiendo que algo horrible ocurría.
Te saludé con un beso en la mitad de tus labios.
Súbitamente,
¡viene la parca a buscar nuestro amor que era un niño!
Me abismé para poder hablar con la muerte,
la miro estupefacto y medroso,
y sólo pudiendo balbucear una pregunta repetida.
¿Por qué? ¿por qué?
Oscura y altanera me respondió:
recuerdas que le has saludado
con un beso en la mitad de sus labios,
fue porque ella no alcanzó a correr su boca
¡fue porque ella te iba a dar un beso en la mejilla!
Pero sabes,
hay algo más profundo que eso
y el doble de hiriente.
Ten presente que no lo hago por aprecio
¡yo no aprecio a nadie!
Aparte de besar la mitad de sus labios
has besado la mitad de sus besos
porque la otra mitad le corresponde a él.
era tan feliz acompasado al de él.
Sentí una desesperante envidia apedreando a mi pecho,
sería porque su andar nunca anduvo tan feliz
o nunca estuvo acompasado al mío.
Siguió su andar,
haciendo estridente la música que oía,
esa melodía que se escapaba de la guitarra
como una tiza arrastrada con rabia en la pizarra.
Cuando te volví a mirar de reojo,
ya estabas cercana y con él,
siempre con él...
Nadie sabía de lo nuestro
eso que forjamos ocultamente,
tú no querías susurrarle al mundo lo que sentías,
y siendo injusta lo que yo sentía
porque quizá yo no quería callarlo,
pero por amor o ¿quién sabe que?
sucumbí.
Cabizbajo levanté mi cabeza con dulzura
presintiendo que algo horrible ocurría.
Te saludé con un beso en la mitad de tus labios.
Súbitamente,
¡viene la parca a buscar nuestro amor que era un niño!
Me abismé para poder hablar con la muerte,
la miro estupefacto y medroso,
y sólo pudiendo balbucear una pregunta repetida.
¿Por qué? ¿por qué?
Oscura y altanera me respondió:
recuerdas que le has saludado
con un beso en la mitad de sus labios,
fue porque ella no alcanzó a correr su boca
¡fue porque ella te iba a dar un beso en la mejilla!
Pero sabes,
hay algo más profundo que eso
y el doble de hiriente.
Ten presente que no lo hago por aprecio
¡yo no aprecio a nadie!
Aparte de besar la mitad de sus labios
has besado la mitad de sus besos
porque la otra mitad le corresponde a él.