Orfelunio
Poeta veterano en el portal
La matanza del gorrino
Tú con tu estilo,
yo con el mío,
comencemos el reto
con un rito divino.
Predestinado estoy a ser rey,
y luego a ser dios;
de hecho lo último ya lo soy;
y por mi gracia divina,
que es una gracia olímpica
llena de magia y oliva,
yo te absuelvo del aceite
y concedo el laurel,
y el castigo,
de vivir en el Edén
y después morir conmigo
perdonando, y predigo:
Que la cabra es santa
y el cordero empacho,
si la oveja es tanta
y el pastor borracho.
Si tira al monte
y el humano la llama
Tras la cabra se fue un conde
y ojos rabos le miraban
llenos de ir apasionados;
su mirada no la esconden
con la mente cabreada
y los cuernos bronceados.
Dejemos de hablar de cabras
y hablemos más de ladrones,
que si me tocas las barbas
también tocarás escalones.
Y tú no me tomes el moño
que llevo dos puestos limones,
y abajo tengo el Logroño
que hace a los buenos melones,
saber que quien manda,
causa el efecto al vino selecto
y dispone para dar sus galones.
¡Ay Clotilde de mi vida!,
yo Rosendo de tu amor,
soy rosado y soy la mida;
si otros miden mi rosario
sepan darle el galardón,
pues salí de algún armario,
no por mari y más por Mario,
tu marido y tu dolor.
Ay Rosendo azul celeste,
yo Clotilde colador,
sólo espero al arcipreste,
que es deita, con su detón.
Será teita, que no tetón,
si es mariquita la talla aumente
y ya veremos la solución.
Mi buen amor, mi dulce estampa,
mi sol y sol, mi luna clara;
tengo un dolor de puñalada,
quiero ser santo y ya soy cabra,
que por el monte tu paseabas,
y vi tus barbas mientras meabas.
Serás calzón, serás quebrada,
serás mi dios, serás la espada,
serás cabrón, y yo tu cabra.
Y yo tocaba a un amorío
con canción plebe de señorío;
con notas suaves, con vientos finos,
con gruesos dedos y sus estíos;
en tus inviernos, de casto vuelo,
y en los veranos yo te porfío.
Si este amor es un pecado
será un bocado de bocadillo,
que todo son quejas y llantos
y aun queda el acto sin ser cumplido.
Lo que tu pides es mucho monte
y en la montaña hay mucha cabra,
si estás dispuesto venga ese postre,
porque la cena está preparada.
Ya me das cena y es mediodía,
no me detengas, no se adivina,
a una hembra espatarrada
si ofrece el coste que no es comida
y se esconde en dieta ajamonada.
Si tanto insistes, tú lo has querido,
a ti me rindo con mis albores,
de ti espero el ornitorringo
con su veneno de mil colores,
y cuando llegues a la rioja
sabrás del nido, de águila roja
que chupa el vino de los bidones.
Vamos a ver, está muy bien,
pero hay que poner un poco más;
llenadme el vaso,
y que beba bien,
quien subiendo al escenario
demuestre ser el gran actor,
y escancie su sabor
en esta actriz de estacas cien.
¿Cómo quedaste cariño mío?,
¿estás tranquila, estás candor?
Estoy entrada, estoy canción,
estoy en vuelo de golondrina,
estoy de agua toda vapor.
Estoy buscando esa matanza
del buen gorrino que alimentó,
buenos deseos, sin más comino,
que un pueblo hambriento lo asesinó.
Tú con tu estilo,
yo con el mío,
comencemos el reto
con un rito divino.
Predestinado estoy a ser rey,
y luego a ser dios;
de hecho lo último ya lo soy;
y por mi gracia divina,
que es una gracia olímpica
llena de magia y oliva,
yo te absuelvo del aceite
y concedo el laurel,
y el castigo,
de vivir en el Edén
y después morir conmigo
perdonando, y predigo:
Que la cabra es santa
y el cordero empacho,
si la oveja es tanta
y el pastor borracho.
Si tira al monte
y el humano la llama
Tras la cabra se fue un conde
y ojos rabos le miraban
llenos de ir apasionados;
su mirada no la esconden
con la mente cabreada
y los cuernos bronceados.
Dejemos de hablar de cabras
y hablemos más de ladrones,
que si me tocas las barbas
también tocarás escalones.
Y tú no me tomes el moño
que llevo dos puestos limones,
y abajo tengo el Logroño
que hace a los buenos melones,
saber que quien manda,
causa el efecto al vino selecto
y dispone para dar sus galones.
¡Ay Clotilde de mi vida!,
yo Rosendo de tu amor,
soy rosado y soy la mida;
si otros miden mi rosario
sepan darle el galardón,
pues salí de algún armario,
no por mari y más por Mario,
tu marido y tu dolor.
Ay Rosendo azul celeste,
yo Clotilde colador,
sólo espero al arcipreste,
que es deita, con su detón.
Será teita, que no tetón,
si es mariquita la talla aumente
y ya veremos la solución.
Mi buen amor, mi dulce estampa,
mi sol y sol, mi luna clara;
tengo un dolor de puñalada,
quiero ser santo y ya soy cabra,
que por el monte tu paseabas,
y vi tus barbas mientras meabas.
Serás calzón, serás quebrada,
serás mi dios, serás la espada,
serás cabrón, y yo tu cabra.
Y yo tocaba a un amorío
con canción plebe de señorío;
con notas suaves, con vientos finos,
con gruesos dedos y sus estíos;
en tus inviernos, de casto vuelo,
y en los veranos yo te porfío.
Si este amor es un pecado
será un bocado de bocadillo,
que todo son quejas y llantos
y aun queda el acto sin ser cumplido.
Lo que tu pides es mucho monte
y en la montaña hay mucha cabra,
si estás dispuesto venga ese postre,
porque la cena está preparada.
Ya me das cena y es mediodía,
no me detengas, no se adivina,
a una hembra espatarrada
si ofrece el coste que no es comida
y se esconde en dieta ajamonada.
Si tanto insistes, tú lo has querido,
a ti me rindo con mis albores,
de ti espero el ornitorringo
con su veneno de mil colores,
y cuando llegues a la rioja
sabrás del nido, de águila roja
que chupa el vino de los bidones.
Vamos a ver, está muy bien,
pero hay que poner un poco más;
llenadme el vaso,
y que beba bien,
quien subiendo al escenario
demuestre ser el gran actor,
y escancie su sabor
en esta actriz de estacas cien.
¿Cómo quedaste cariño mío?,
¿estás tranquila, estás candor?
Estoy entrada, estoy canción,
estoy en vuelo de golondrina,
estoy de agua toda vapor.
Estoy buscando esa matanza
del buen gorrino que alimentó,
buenos deseos, sin más comino,
que un pueblo hambriento lo asesinó.